Ciudades amigables con el medio ambiente y diversas en facilitarle el paso a la bicicleta en las calles para quitarles la exclusividad a los carros y motos que hasta el momento eran los reyes de la calzada, es la modalidad que se va imponiendo en los ambientes urbanos.
Hacia allá ha empezado a dirigirse Cúcuta, con la instalación de 2,4 kilómetros de un bicicarril o ciclobanda, principalmente en la zona céntrica, para incluir a la bicicleta como un medio de transporte idóneo.
En un planeta amenazado por el cambio climático y en el que se estima que el 23% de los gases de efecto invernadero son lanzados por el parque automotor mundial, es común hablar de la cicloinclusión como factor de mejoramiento ambiental.
Un documento del Banco Interamericano de Desarrollo sobre el tema indica que un buen ejemplo para incentivar el uso de la cicla en América Latina y el Caribe, es a través de las bicicletas públicas que “hoy son un éxito en la movilidad de Paris, Barcelona, Nueva York entre otras grandes ciudades de Europa y Estados Unidos”.
Holanda es el país referente en la utilización masiva de este medio de movilización, pues con una población de 17 millones de habitantes, cuenta con 23 millones de bicicletas, donde hasta los funcionarios gubernamentales van a sus despachos en ellas.
Volviendo a la región, el citado informe del BID precisa que en América Latina y el Caribe hay más 2.513 kilómetros de ciclovías, siendo Bogotá y Río de Janeiro las que tienen mayor cantidad de kilómetros segregados de infraestructura ciclística, apareciendo también Medellín y Cali con importante kilometraje destinado a la infraestructura exclusiva para estos menesteres.
Estos antecedentes nos sirven para hacernos una idea de lo que se está organizando en Cúcuta, pero que en esta fase inicial no se puede desconocer que tiene vacíos y fallas para corregir.
Por ejemplo, hay que controlar e impedir que los motociclistas se tomen ese nuevo carril de la calle 10, para lo cual vale preguntarles a Tránsito Municipal y a la Alcaldía: ¿dónde está el agente que evite eso?
También debe erradicarse la naciente práctica de estacionar motos o carros pequeños dentro de ella, como se ve en esa misma calle y en los demás lugares en que se está habilitando dicha infraestructura que comparte la vía usada por los automóviles y motos. ¿Y dónde está el agente que controle eso?
Pero igualmente hay que erradicar que ahora se estacionen carros pegados a la ciclorruta y otros en la margen contraria, generando el caos en el flujo vehicular, porque como en los casos anteriores, no hay autoridad alguna que haga cumplir el Código de Tránsito.
Y una más. ¿Cuándo les van a decir a muchos ciclistas que esa área demarcada con elementos naranja es para ellos?
Luego el ejercicio de la autoridad y la urgente necesidad de educar a los usuarios de las calles y avenidas es algo que ahora sí debe ser de carácter urgente, porque de lo contrario la idea de complementar el transporte urbano con la expansión del uso de la bicicleta, podría ser una frustración para esta ciudad fronteriza de 711.715 habitantes.
Para que eso no ocurra, la Alcaldía debe de emplearse a fondo en socializar dicha idea, explicarle al ciudadano lo que se pretende y adoptar el sistema de bicicletas compartidas para que más gente las utilice, e indicarle al conductor de automóviles y motocicletas que eso de parquear en la calle ya será historia y agilizar al tráfico en el centro con agentes que lleguen a hacer más acciones preventivas.
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