Suficiente tenemos con el Tren de Aruagua, la guerrilla del Eln, la disidencia de las Farc y las bandas criminales haciendo de las suyas en la frontera colombo-venezolana, como para que se nos pudiera venir encima por aquí un peligroso tránsito y tráfico ilegal de armamento poderoso de Rusia, como producto de la ayuda y asistencia de esa nación a la vecina Venezuela.
Algo es algo que se haya logrado un compromiso del gobierno del presidente Vladimir Putin con su homólogo colombiano de que ni una bala, granada, tanque, fusil o cohete ruso será desviado hacia las organizaciones armadas ilegales que pululan en nuestra tierra.
Anotemos por ahí, en el computador o en el celular, lo afirmado por el embajador Nikolay Tavdumadze, de que ninguna cooperación militar con el vecino país -con el que Colombia no tiene relaciones diplomáticas-no será usada en contra nuestra ni que se desvíe hacia la criminalidad fronteriza.
Eso en bueno tenerlo muy presente para que las organizaciones de Derechos Humanos y oenegés especializadas ayuden a hacer una especie de monitoreo conducente a evitar sorpresas, que en ese aspecto bélico podrían resultar siendo de alto riesgo.
Debemos entender que en el lenguaje diplomático se habla lógicamente dentro de unos cánones establecidos, pero ojalá en este asunto el gobierno de Putin tenga también presente un esquema de control férreo para el seguimiento al uso y destino de los armamentos y equipos que en ese tipo de cooperación le haga entrega a las Fuerzas Armadas Venezolanas.
La vicepresidenta Marta Lucía Ramírez le llamó a eso certificado de usuario final para que se de la plena garantía de que ningún equipo de los que sean enviados por los rusos a los venezolanos, caigan en otras manos y pongan en peligro la seguridad en naciones vecinas. El nombre es lo de menos. Lo fundamental es que exista lo que los especialistas llaman trazabilidad para el seguimiento y control.
Es que aquí hay un elemento delicado que todo lo infecta como lo es la corrupción, y no faltarán los intentos para tratar de contrabandear en el comercio internacional de armas parte de esos elementos que eventualmente los rusos le den al gobierno de Nicolás Maduro.
Para nadie es un secreto que el tráfico de armamentos y de toda clase de elementos bélicos tiene una clientela por estas áreas impactadas por el conflicto armado.
Resultó por lo tanto importante que Bogotá y Moscú, por los canales de la diplomacia y no el de los micrófonos, hubiesen tenido este acercamiento para aclarar los hechos y tener de ahora en adelante una fluidez en el contacto, lejos de las dañinas ideologizaciones y de los prejuicios.
Tratar por los canales diplomáticos esta clase hechos, ayudan a evitar la crispación y ‘calentamiento’ innecesario de las de por sí ya complicadas y tensas situaciones que a diario se registran en la frontera, signada por masacres, desplazamientos, atentados y ataques a la Fuerza Pública en Norte de Santander y Arauca.
De este pasaje en el que hubo cruces de palabras uno hablando de ‘injerencia extranjera en la línea limítrofe’ y otro de declaraciones ‘irresponsables’, hay que sacar una lección y es que cuando haya algún tipo de inquietudes y preocupaciones como las expuestas en su momento por el ministro de Defensa, Diego Molano, pues se deje de lado el trino o la declaración pública y primero se busque hablar con la contraparte para dilucidar hechos tan delicados como este.
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