Al relajarse las estrictas medidas que rigieron durante varios meses como consecuencia de la pandemia del coronavirus -que todavía sigue activa- se fue levantando el cerco que impedía la circulación de vehículos y restringía el paso de peatones por el corazón de Cúcuta.
Hoy, esa área cerrada por vallas corresponde a las calles 10 y 11, con avenidas 5 y 6, que corresponde a los alrededores del parque Santander.
Ese acordonamiento se activó desde el pasado 30 de mayo en cumplimiento de las acciones de prevención y aislamiento para enfrentar la crisis sanitaria, que para el caso de la plaza principal de la ciudad significó la desaparición de toda clase de actividades.
Solo hasta ahora se acaban de habilitar los protocolos de bioseguridad para que vuelvan a ese espacio público los fotógrafos, los emboladores y los vendedores de tinto.
Un hecho evidente es que para entrar a ese cuadrante dentro del cual están el Palacio Municipal, la Catedral y algunos bancos, ya no rige el pico y cédula, como ocurría antes, notándose de nuevo las aglomeraciones en algunos puntos del parque, como por ejemplo en las fuentes.
Una curiosa situación aconteció, ayer en el Concejo de Cúcuta donde estaba citado un debate sobre ese particular. Resulta que la sesión estaba citada para las 3:00 de la tarde, pero a las 3:30, cuando ya estaban todos los concejales, el secretario de Gobierno, Francisco Javier Cuadros, radicó un oficio en el cabildo.
En el documento se excusó de asistir a la deliberación, con el argumento de que debía acudir a una reunión del Puesto de Mando Unificado, para evaluar la situación de orden público en la ciudad, por motivo del paro nacional.
El documento se leyó en plenaria y sobre la mesa continúan las inquietudes sobre la razón para que estas calles sigan cerradas y bajo qué decreto o resolución se mantiene el cerco.
La administración del alcalde Jairo Yáñez, la corporación municipal en pleno y el gremio de comerciantes tienen en esta ‘crisis’ una oportunidad para abrir la discusión en torno a un asunto de vital importancia para la ciudad, como es el manejo del espacio público en el centro.
Que esas vallas sirvan para profundizar en un aspecto que tiene implicaciones económicas y sociales como es el de los vendedores ambulantes y el desorden que el mismo comercio organizado genera en las calles céntricas, es la conclusión relevante que debe de salir de ahí.
No es el hecho de enfrascarse en una discusión por un asunto coyuntural generado por la inesperada pandemia, sino que entre todos definan la hoja de ruta que indique cómo debe manejarse un área tan importante desde el punto de vista del tráfico vehicular, el reordenamiento de los andenes y el comportamiento ciudadano.
Entonces, que la proposición del cabildo para tratar sobre las controversiales vallas se convierta en el motivo perfecto para entre todos poner el granito de arena que permita encontrarle las salidas adecuadas a ese eterno dolor de cabeza del espacio público y más en ese sitio icónico de la ciudad.
Nada más importante para Cúcuta que todos sus dirigentes decidan tomar por los cuernos un asunto como ese, para el que se requiere voluntad política, asignación de recursos, idear proyectos productivos y muchos planes de cultura ciudadana.
