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Editorial
Desempleo pandémico
Una ciudad como la nuestra, donde la pequeñas y medianas empresas son una parte vital, necesita de políticas robustas.
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La opinión
La Opinión
Martes, 1 de Septiembre de 2020

La destrucción de empleos es algo muy preocupante para toda economía, porque eso de inmediato repercute hacia una tendencia al estancamiento al disminuirse las posibilidades de adquisición y consumo de diferentes segmentos de la población, algunos de los cuales  van a regresar a condiciones de pobreza ya superadas,  elevando de inmediato los problemas de carácter social. Ya antes de la pandemia las cosas no andaban muy bien que digamos, pero ahora se advierte un cuadro de gravedad inocultable.

Aunque Cúcuta y el área metropolitana no están entre los primeros tres lugares del país, como era usual en épocas normales, esto no quiere decir que se puede cantar victoria o alegrarnos por ello, puesto que el  desempleo de 31,7% que se registró en julio, está muy por encima del promedio nacional que fue del 20,2%, como lo dio a conocer el DANE, en su más reciente informe.

Ese dato más el de una informalidad registrada del 67,7%, en la que seguimos ocupando el primer lugar que teníamos antes de la pandemia, deben llevar a la clase dirigente local y regional, al empresariado, a los congresistas y a la academia a concretar un real frente de acción para tratar de ponerle freno a la situación, en la que no somos los únicos, ya que solo dos de las 23 ciudades capitales y áreas metropolitanas medidas por el DANE tienen resultados inferiores al promedio nacional del 20,2%, como consecuencia de la COVID-19.

En momentos como estos, ya debiera estarse estudiando la declaratoria de una emergencia para Norte de Santander, con medidas de choque que puedan reanimar el aparato productivo y con planes de  salvamento de micros, pequeñas y medianas empresas que no soportaron el embate de esta crisis sanitaria y debieron cerrar dejando a miles de personas sin empleo.

Y en esto no se pueden esperar acciones puntuales del Gobierno Central  pues la crisis no solo es en nuestra región, pero algo se podría esperar sobre todo teniendo en cuenta que nuestra región se la ha jugado toda, por ejemplo, en abrirles los brazos y acoger a los  migrantes venezolanos, en una actitud de hermandad alejada de la xenofobia.

Luego esta es una sólida carta  de presentación para acompañar una solicitud de carácter extraordinario para una región fronteriza que necesita, hoy más que nunca, de una vigorosa acción estatal desde el punto de vista económico, social y de consolidación de proyectos de infraestructura que jueguen el doble papel de ayudar a  construir un futuro mejor pero que al mismo tiempo ayuden a paliar la crisis socioeconómica presente. 

Pero lo que en este momento es más importante para lograr cerrar esas venas rotas del desempleo, el subempleo, el estancamiento, la marginalidad y la desigualdad, es la unidad regional sin intereses grupales ni mezquindades, para que  monolíticamente se llegue en la búsqueda de ese oxígeno necesario, en el entendido que ese caldo de cultivo lo único que hace es alimentar la inseguridad y afianzar la miseria.

Una ciudad como la nuestra donde la pequeñas y medianas empresas son una parte vital y el comercio es igualmente generador de oportunidades, necesita de políticas robustas con el fin de poder trazar un nuevo rumbo a partir de ahora y que se pueda consolidar una vez la pandemia sea solo cuestión de  un mal recuerdo. 

El propósito de que se consolide esa gran labor en beneficio de la región, es que también aunque parezca utópico, algún día -ojalá no tan lejano- podamos decir que del desempleo ya ni nos acordamos, porque no existe.

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