Los políticos, los estudiantes, las mujeres… Mañana, ¿qué sector marchará en Venezuela en contra del presidente Nicolás Maduro y de la Revolución Socialista y Bolivariana? ¿A quiénes les tocará el turno de pedir que se vaya todo el gobierno?
Los que sean, corren el riesgo de terminar convencidos de que no es cierto eso de que Maduro está tan caído que basta soplar para que rueden, él y su gente, sobre las arenas calientes de las calles de la gran barricada sucia llamada Caracas.
Tercos y porfiados, de ordinario, los venezolanos insisten en definir la realidad con base en los términos que sugiere el deseo de cada uno, y considerar que Maduro está prácticamente caído, no pasa de ser la mera expresión del deseo de una persona sumado al deseo de otra. No la realidad.
Por eso, los líderes de opinión y, de manera muy especial, decenas y decenas de activistas de redes sociales (parecidos a los viejos revolucionarios de café) no ven otros términos de la realidad, como el de que al menos 30 de cada 100 consultados en encuestas aún creen en una revolución que tal vez les ha dado poco, pero, para ellos, poco o casi nada es todo lo que nunca antes tuvieron. Hay 30 por ciento que quiere que Maduro y todo lo que significa sigan.
Esas personas no tienen acceso ni a las redes sociales ni a los demás medios de comunicación, y por eso su opinión no se conoce; es como si no existiera, pero ellos están ahí, prestos a defender sus logros de la misma manera que los opositores del barrio de enfrente aspiran a obtener los suyos cuando el presidente caiga.
La explicación de por qué Maduro se mantiene en el poder, en actitud que parece no causarle mayores preocupaciones al gobierno, la dio hace varios años el expresidente colombiano Alfonso López Michelsen, en una esclarecedora lección política que sintetizó en un puñado de palabras: ‘Los gobiernos se caen por débiles, y no por malos’, dijo.
Y el de Maduro puede ser un gobierno malo, el más malo de todos, según los venezolanos, pero no es débil. No lo es en la medida en que tenga de su lado a los militares y a los civiles armados de la Milicia Bolivariana, y a los cinco millones, y tal vez más, de burócratas que respiran a expensas del dinero público. Y, obvio, a los despectivamente llamados ‘cerrícolas’ y ‘tierrúos’, es decir, los habitantes de los barrios marginales. Y los pocos campesinos.
Sí, el gobierno chavista está en crisis, pero no caído. Y mientras tenga a los militares de su lado, seguirá ahí, apelando a todos los recursos que necesite para mantener la revolución, si llega el caso en que él deba irse.
Y seguirá, mientras la oposición siga dividida entre quienes consideran que la calle es el escenario para sacarlo mediante un movimiento de masas gigante y quienes creen que la clave está en ganar las elecciones legislativas para promover un referendo revocatorio.
Muy pocos venezolanos se han dado cuenta de que en la medida en que el tiempo pasa, quizás Maduro no se haga más fuerte, pero la oposición se debilita. Y eso es ganancia para la revolución….
Quizás tengan razón quienes afirman que cualquier cambio tiene que salir de la propia entraña roja del chavismo…
