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Editorial
De mal en peor
¿Significa que habrá más intentos como el que derivó en violencia y en caos insoportable?
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La opinión
La Opinión
Sábado, 23 de Marzo de 2019

Hay que admitirlo: nada en Cúcuta y la zona fronteriza ha estado bien desde cuando en agosto de 2015 el Gobierno de Nicolás Maduro cerró la frontera. No es que la ciudad fuera, hasta entonces, un paraíso. Tampoco lo fue hasta hace un mes, luego de la recuperación, a tronchas y a mochas, de las actividades corrientes entre Colombia y Venezuela. La economía de Cúcuta, se notaba, estaba en ascenso.

Pero todo cambió desde cuando se anunció un concierto solidario en Villa del Rosario, y definitivamente todo lo que se había avanzado se perdió cuando fracasó de manera rotunda el intento internacional que encabezó Colombia para llevar medicinas y alimentos para los venezolanos. Ese mismo día murieron para Cúcuta las esperanzas que le quedaban sobre terminar de recuperar tiempo y oportunidades perdidas por razón del manejo de la política internacional que no ha tenido en cuenta los intereses de la gente fronteriza.

En un intento, apenas anunciado, por compensar en mínima parte todo ese daño causado a Cúcuta, el Gobierno comprará en la región algunos de los productos “que harán parte de las ayudas para los ciudadanos del vecino país”, y que, según el embajador colombiano en Washington serán llevadas sí o sí a Venezuela. ¿Significa que habrá más intentos como el que derivó en violencia y en caos insoportable, y que tiene a toda la región sin saber cuál será su futuro inmediato en todo sentido?

Si esos son los planes, ¿por qué el mismo embajador no explica —porque en Bogotá, en el alto Gobierno solo repiten las mismas promesas de hace años— sobre cómo se espera que, por ejemplo, haya inversión en una ciudad destinada a ser cabeza de playa de acciones que tienen más de militar que de solidaridad?

Lástima que el embajador solo venga a sitios muy localizados, porque valdría la pena que saliera a la calle y palpara el nerviosismo de los cucuteños por causa de anuncios como el que él hizo, y de intentos improvisados de entrar a la fuerza a un país que no tiene límites para responder a agresiones…

Sería bueno que oyeran el concepto de los alcaldes metropolitanos y demás autoridades departamentales sobre lo que significó para la región lo sucedido después del 23 de febrero

¿Por qué, si pretenden hacer lo que anuncian, no escogen otro punto de los 2.219 kilómetros de frontera, la mayoría inmensa despoblados? Pero, mejor, ¿por qué no buscan otro modo de hacer llegar esas ayudas, sin apelar a la confrontación y a generar violencia?  ¿Por qué no entregarlas a las organizaciones internacionales de ayuda humanitaria para que ellas las pasen a Venezuela y las repartan? El hecho de que las ayudas aún permanezcan en las bodegas aquí,  podría interpretarse como que su entrega no es un tema urgente.

El nerviosismo de algunos tiene origen en otras causas, como la permanencia aquí de los desertores de las fuerzas de seguridad de Venezuela, esperando quizás alguna otra operación militar por esta frontera. ¿No tiene Colombia otro lugar dónde mantenerlos mientras ellos toman su camino, sino la martirizada Cúcuta metropolitana?

Y después dicen en Bogotá que Cúcuta les interesa tanto…

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