Cúcuta se encuentra ahora en el foco epidemiológico con la alerta por el virus H1N1, al que se le debe prestar atención y poner en marcha todas las medidas necesarias para combatirla.
Una de las acciones fundamentales es la información permanente, puesto que la comunidad requiere conocer de primera mano lo que está ocurriendo, lógicamente, sin alarmismo, pero sí indicándole lo que se tiene que hacer en este tipo de situaciones y darle a conocer la evolución misma de la propagación del virus.
Eso no es amarillismo, se trata simplemente de tener a una ciudadanía informada sobre un asunto tan sensible para el ser humano, como lo es una amenaza para su salud.
Entre noviembre y diciembre, el Hospital Erasmo Meoz reportó 36 casos positivos por esta virosis, 16 más de los 20 que ha registrado el Instituto Nacional de Salud en estos dos meses.
En medio de todo esto, resulta tranquilizador lo anunciado por el Ministerio de Salud de que Cúcuta tendrá suficientes vacunas contra la influenza para cubrir a la población priorizada, cuya atención para recibir este elemento protector no tendrá costo alguno. En ese grupo se encuentran niños y niñas de 6 a 23 meses. Embarazadas a partir de la semana 14 de gestación. Adultos de 60 o más años.
También es importante tener en cuenta la explicación de un especialista en la materia como lo es el médico pediatra Hernando Villamizar, en el sentido que la vacuna no previene los resfriados, pero sí la influenza. Y que la temporada adecuada para vacunarse es abril de cada año, pues es cuando empieza la temporada en que se presentan en mayor cantidad.
Pero si la parte científica y médica es fundamental, no menos importante resulta serlo la prevención activada desde el hogar, la oficina, el sitio de trabajo y en donde se desarrollan las actividades diarias, al igual que los planes que en ese campo es imperioso que emprendan las autoridades municipales y departamentales de salud.
No hay que esperar a que hagan aparición los casos de determinadas enfermedades o el calendario señale fechas específicas para que este componente básico de la salud sea activado.
Prevenir y educar a la población sobre la manera adecuada que debe actuar para que no se disparen los casos y luego haya una oleada de pacientes buscando atención, es lo que mandan las reglas.
Esa misión requiere su fortalecimiento o replanteamiento, tanto desde el punto de vista de recursos como de planes concretos a lo largo del año, para de esa forma lograr ambientes más sanos, y que en las escuelas, colegios y universidades, en las empresas, parques y plazas públicas, los promotores de salud vayan, enseñen, eduquen e induzcan a las buenas prácticas ciudadanas.
Esto a la postre significará una gran ayuda al lograrse la construcción de una comunidad más comprometida y que asuma como costumbre hábitos sanos en la vivienda, en la calle y en el trabajo, que contribuirán lógicamente al bienestar general y al uso de los factores y hábitos que pudiendo ayudar a prevenir, no son utilizados.
Igualmente, sería interesante que la gente estuviera al tanto de esos tiempos estacionarios o épocas en los que la aparición de determinados virus son más frecuentes y cómo se debe actuar para prevenir y minimizar el contagio.
