En Estados Unidos, el periódico The Washington Post publicó una información que revela un documento interno de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades que advierte la posibilidad de que la variante delta del coronavirus transmita infecciones que pueden llegar a ser más graves.
En Colombia ayer se registró una discusión pública en torno a este asunto, luego de que surgieran afirmaciones no sustentadas científicamente de que las vacunas no serían suficientes para la protección contra esa nueva cepa que ya circula en nuestro territorio así como en Venezuela y otros países, hecho que nos debe llamar la atención en la frontera.
Sin embargo, agencias como la AFP publicaron que “la variante delta del coronavirus es tan contagiosa como la varicela, probablemente genera una enfermedad peor que las anteriores y los casos entre vacunados pueden ser tan transmisibles como entre los no vacunados, según documentos de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos divulgados por The Washington Post”.
Muchas naciones han determinado endurecer las medidas sanitarias y exigir que las personas obligatoriamente -así estén vacunadas- usen el tapabocas en lugares que impliquen alto riesgo de contagio y mantener el distanciamiento físico y el lavado constante de manos.
Pero como esta gran movida informativa ha generado preocupación entre los colombianos, la directora del Instituto Nacional de Salud, Martha Lucía Ospina Martínez consideró que delta, catalogada como preocupante por la Organización Mundial de la Salud (OMS), mostró que solo tiene más capacidad de transmisión y que todas las vacunas han demostrado que reducen los niveles de hospitalización y muerte, para todos los linajes.
Aprovechando esta deliberación-que resulta interesante porque sirve para advertir que la pandemia ni se ha ido ni ha bajado sus índices de peligrosidad- es bueno que aquí en Cúcuta, en Norte de Santander y a lo largo de la frontera colombo-venezolana no se baje la guardia ni se relajen las medidas ni las acciones por las particularidades existentes.
Esto porque ambos países son ‘visitados’ por el nuevo linaje y ante la alta movilidad humana como consecuencia de la migración, pues resulta evidente que las autoridades sanitarias tienen que estar muy atentas y que el Gobierno Nacional acelere en los departamentos fronterizos el proceso de vacunación contra el coronavirus.
Es decir que envíe más dosis de vacunas, que se avance prontamente en el cubrimiento de las poblaciones aledañas a la línea fronteriza y que el ritmo también sea acelerado en la inmunización de quienes han llegado al país desde Venezuela. El Ministerio de Salud debería priorizarnos, porque así podría levantarse una especie de cordón de protección sanitaria con la mayor cantidad posible de habitantes vacunados en esta parte del territorio.
Pero también deberían reforzarse las acciones de vigilancia tanto policial, como migratoria y epidemiológica en las zonas donde desembocan las trochas, porque el descontrol por esos caminos verdes también resulta siendo dañino para la salud de todos, como ya ocurre con la inseguridad desbordada, el contrabando y la presencia de organizaciones criminales.
Es mejor prevenir que lamentar y ejercer la autoridad y aplicar la regulación de la entrada y salida por esas rutas - que en la práctica no deberían ser permitidas-son cuestiones de seguridad nacional y de prevención urgente y necesaria, porque como lo ha dicho la Organización Mundial de la Salud, “delta está ahora en más de 104 países y pronto será la cepa del coronavirus dominante a nivel global. El mundo observa en tiempo real cómo el virus de la COVID-19 continúa cambiando y se vuelve más transmisible”.
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