La reanimación de todos los lazos que han sostenido la unidad entre Colombia y Venezuela significa un paso en la dirección correcta de la integración entre dos países hermanos que, con sus lógicas diferencias, coexisten para complementarse en favor de sus ciudadanos.
Una buena noticia en ese sentido acaba de ser anunciada por Avianca, consistente en la reanudación de los vuelos entre Bogotá y Caracas, a partir del primero de febrero del año entrante.
“Nos hace muy felices volver a conectar a Bogotá y a todos los rincones de Colombia con Venezuela. Esta ruta, que operamos de manera ininterrumpida durante más de 60 años, es un orgulloso complemento a nuestra red. Planeamos aumentar las frecuencias próximamente y seguiremos colaborando con las autoridades venezolanas y colombianas para garantizar su éxito”, fue la afirmación de Carolina Cortés, vicepresidenta de comunicaciones corporativas de la aerolínea.
Un detalle sobresale en la anterior declaración y es que desde la década de 1960, del siglo pasado, de manera ininterrumpida operaba esa conexión binacional, hasta que ocurrieron la serie de acontecimientos de carácter político, diplomático y económico que llevaron al rompimiento de relaciones, al cierre fronterizo y la paralización de todos los acuerdos. Hasta que por fin todo revertió y la normalidad se ha ido restableciendo.
O sea, hay mucha historia para indicarnos que existen suficientes razones para que compañías como la mencionada determine retornar a atender esta frecuencia para la cual tendrá más de 1.400 asientos disponibles, en los cuatro vuelos semanales que empezará a surcar de nuevo los cielos colombo-venezolanos.
El turismo, los negocios y los viajes de las personas que tienen familiares en una y otra ciudad tendrán de esa manera una posibilidad de acercamiento y de facilidades para la comunicación, como siempre ocurrió antes de la sucesión de hechos que agrietaron lo construido y que ojalá no se vuelvan a presentar.
A esta situación se suma la reanudación de la ruta aérea San Antonio-Porlamar por parte de la compañía Rutaca, que opera en el aeropuerto internacional Cipriano Castro, antes Juan Vicente Gómez, situado a quince minutos de Cúcuta.
De esta manera volvemos a tener muy cerca, tanto para ir de viaje de descanso como con fines de negocios, a la paradisiaca isla Margarita, que también ha figurado como un destino preferido entre los nortesantandereanos.
Así lo ratifican los voceros de los sectores hotelero y de las agencias de viajes de la ciudad, al considerar que habrá nuevas posibilidades para impulsar la región con la llegada de turistas y para la venta de paquetes turísticos hacia esa localidad venezolana, desde esta parte del territorio colombiano.
La capital de Norte de Santander al reanudarse las operaciones en el vecino aeródromo venezolano, también queda mejor conectada por los cielos con el vecino país, porque igualmente hay empresas que cubren la ruta San Antonio-Caracas.
Todo lo que ocurra en ese campo de la aeronavegación comercial entre los dos países siempre tendrá un reflejo e impacto positivo sobre Cúcuta, que tiene ahí un motivo más para que se construya lo más pronto posible el centro de convenciones para las grandes citas de negocios y el cual contará, como se ve, con una gran oferta de vuelos para facilidad de los empresarios que sean convocados.
Y una tarea urgente que le corresponderá a la nueva administración es lograr la consolidación de la seguridad ciudadana en Cúcuta, que es igualmente indispensable para lograr sacarle el mayor provecho a esta apertura de vuelos a la que hoy estamos asistiendo en esta parte de la frontera.
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