A veces son simples frases de campaña, como esa de que en Brasil ‘el error de la dictadura fue torturar y no matar’, dicha por Jair Messias Bolsonaro, el nuevo presidente electo de Brasil. Nadie elabora frases como esta de manera inconsciente, pero no todas se traducen en una política, en una práctica...
Otra cosa son las propuestas de gobierno, los planes que alguien pretende llevar a cabo en caso de alcanzar la posición pública a la que aspira. Y, más para mal que para bien, hay cinco ideas de Bolsonaro que, de seguro, deben tener a más de un brasileño con los pelos de punta, o al menos muy preocupado.
Para Bolsonaro, las armas ‘son instrumentos que pueden usarse para matar o para salvar vidas’, dependiendo de quién las maneja que pueden ayudar a reducir los homicidios. Por eso, busca reformar el Estatuto de Desarme, porque considera que cada ciudadano tiene derecho a tener un arma y ejercer su derecho de legítima defensa.
Como en Estados Unidos, donde las matanzas indiscriminadas no cesan…
En el mismo sentido, dará facultades a los policías para que ‘en el ejercicio de su actividad profesional’ sean declarados inmunes por el sistema jurídico. Los policías no serán juzgados si matan durante su trabajo en las calles. ‘Tenemos que reconocer que la vida de un policía vale mucho’, predica el nuevo mandatario.
Un tercer punto considera a los invasores de terrenos como terroristas, y les da el tratamiento de tales. Esto significa que los invasores, que en Brasil se llaman ‘personas sin tierra’, serán tratadas de igual forma que un terrorista y enfrentarán penas de hasta 30 años de cárcel, la máxima sanción en el régimen penitenciario.
Para los indios brasileños no habrá ‘ni un milímetro más de tierras’, señala en el cuarto punto, por el temor que dice tener a que esos resguardos se conviertan en ‘países independientes dentro de Brasil’.
Pero no solo planea no conceder más tierras a los indios, sino que plantea revisar y revocar hasta 129 resguardos que aprobaron administraciones anteriores.
La quinta tiene que ver con lo que él llama adoctrinamiento y sexualización precoz que dice existen en las escuelas brasileñas. Quiere regresar al pasado, a los tiempos de la dictadura, cuando en la escuela había clases de Organización Social y Política Brasileña y Educación Moral y Cívica.
Esta parte de su programa de gobierno se complementará con la idea de que en dos años, en cada una de las 26 capitales de estado habrá una escuela militar, y con otra que reduce los cupos en todo el sistema escolar basado en cuotas por etnias y razas, a la vez que estimula la educación a distancia, ‘con el fin de combatir el marxismo y abaratar los costos’.
Finalmente, tiene malas noticias para los venezolanos que han ingresado a Brasil: los recluirá a todos en campos de refugiados, y cerrará las puertas para los inmigrantes, porque ‘Brasil no puede ser un país de fronteras abiertas’. Para ello, revocará la ley de inmigración actual.
En realidad, son ideas que justifican cualquier preocupación, no solo en Brasil sino en el vecindario, porque pueden generar situaciones conflictivas serias. Y con Venezuela ya Colombia tiene suficiente...
