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Editorial
Cimientos coloniales
Cada vez hay menos cimientos coloniales que pierden la batalla frente a las grandes edificaciones.
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La opinión
La Opinión
Lunes, 28 de Septiembre de 2020

El progreso es una cuestión inherente a la humanidad, pero hay unas lógicas que deben de ser tenidas en cuenta y hasta reglas no escritas sobre la necesidad de respetar algunas cosas del pasado que por su gran carga histórica constituyen una riqueza inmaterial invaluable para cualquier municipio.

En este caso en particular el ejemplo es Pamplona, donde como lo evidenció el reportaje publicado en la edición dominical de La Opinión, se advierte que cada vez hay menos cimientos coloniales que pierden la batalla frente a las grandes edificaciones que ahora se alzan allí.

Desarrollo sostenible y compatible debieran de ser los conceptos básicos a la hora de definir la estrategia urbanística municipal, en una localidad que por todas sus calles y esquinas se respira historia patria y religiosa, que le dan un tinte especial y un atractivo indudable.

Causan preocupación las cifras entregadas por el arquitecto y restaurador Óscar Eduardo Villamizar Garzón, conocedor a fondo de la situación de la ‘Ciudad Mitrada’ en cuanto a los bienes de interés cultural e histórico, porque mientras en 1991 había 1.200 inmuebles entre coloniales y republicanos, de los cuales han sido derrumbados por los menos 400.

Debería la administración municipal en conjunto con el Concejo y la asesoría del Gobierno Nacional y de los expertos en asuntos históricos, definir una política urbanística que sea compatible con ese ingrediente propio y particular de la tierra pamplonesa, para evitar un posible arrasamiento de esa huella colonial que la ha caracterizado.

Definir unas áreas donde definitivamente quede una especie de ‘congelación en el tiempo’ para preservar ese legado inmaterial y así prevenir que las necesidades de crecimiento se lleven por delante dicha marca indeleble de ciudad religiosa y ligada a los hechos históricos del país.

Ordenar que en otros puntos donde se vayan a hacer ampliaciones o nuevas construcciones, se conserven las fachadas y todo el proceso de intervención cumpla normas estrictas para no afectar ese legado, que por ejemplo en materia de turismo, es muy importante para atraer a los visitantes.

E igualmente permitir que en otros sitios de la ciudad haya sin restricción ninguna la construcción de cualquier tipo de vivienda o de edificios, dentro de ese necesario ordenamiento.

 Pero también alguien o muchos, deben de responder por la tajante afirmación de Villamizar Garzón de que en Pamplona “por falta de control de las administraciones municipales se ha perdido el legado colonial”. Eso es algo que de por sí merece más que un debate, puesto que los pamploneses no pueden de buenas a primeras llegar a verse sorprendidos porque del paisaje se borró una parte de su legado que viene de 1549.

Por ejemplo, al Seminario de San Francisco que databa de varios siglos de antigüedad le ocurrió lo mismo que en Cúcuta al famoso teatro Guzmán Berti, la modernidad se los llevó por delante.

“La escasez de suelo urbano apto para los nuevos desarrollos, incrementado por la falta de responsabilidad con el patrimonio existente, han llevado a que Pamplona hoy, a pasos agigantados, destruya sus huellas  fundacionales, coloniales y  republicanas, sin que la arquitectura contemporánea, supere en calidad, lo que se está destruyendo”, es la conclusión consignada, en 2005, en el estudio histórico urbano de Pamplona.

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