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Editorial
Cesar los odios
La inseguridad, la incompetencia, la desunión y el tradicional conformismo que nos tiene marcados serán gradualmente superados en la medida que vayamos capacitándonos mejor y adecuadamente.
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Domingo, 15 de Agosto de 2021

Es evidente que seguimos sin asimilar la gravedad de la pandemia del COVID-19 y, como pasa siempre en toda pérdida, sin buscar ni hallar soluciones o nuevos rumbos. El virus mundial sigue imparable y doloroso en grado extremo, nos tomó por sorpresa y continuamos como si nada estuviera pasando, a pesar del arrasamiento.

Nos tomó en convivencia con la comodidad del menor esfuerzo, a pesar de que el delito nos acosa, y la pobreza y la enfermedad nos desbordan. Aun así, además de muchas otras calamidades y desgracias, los odios no cesan entre nosotros. Antes por el contrario, parecería que se estimulan y agigantan. Cuando deberíamos unirnos y convertirnos en necesarios copartícipes del destino común que tenemos los nortesantandereanos y los colombianos. 

Pensando en quienes están en su etapa de formación y deben tomar el rumbo de nuestro departamento en pocos años, urge comenzar a dar un giro. Si no lo hacemos nosotros mismos, nadie más se ocupará de ello. Por el contrario, las malas influencias seguirán sacando provecho de nuestras deficiencias, para subyugarnos más y más. 

A tiempos nuevos, nuevas formas de capacitación para salir del atraso. Llegó la hora de infundir a quienes siguen nuestros pasos, el tipo de educación acorde con las demandas y ofertas de esta época. Asimilemos más tecnologías que nos pongan a competir adecuadamente en el entorno nacional e internacional. Menos desgastes en protestas, paros y destrucciones que nos separan, de paso. Más inventiva, creatividad. Que los nuestros sean capacitados en ser particulares ejecutores de sus destinos, para ser sus propios empresarios, dejando en el pasado la oxidada creencia de que títulos universitarios lo son todo, y que sin empleos propiciados por políticos y por el tesoro público estamos perdidos.

Hagamos un inventario de las ventajas que tenemos por nuestra ubicación geográfica, nuestros recursos naturales, nuestras tradiciones artesanales. Salgamos del conformismo y del encierro, tocando a las puertas de gobiernos extranjeros, de organismos internacionales y multilaterales, aprovechemos.

Seamos veedores permanentes de la gestión con lo público, incansables en acosar los malos manejos. Unidos creando las veedurías que garantizan la Constitución Nacional y las leyes. Porque, ah malignos que resultan los malos gobiernos y liderazgos corruptos. Llanto y desolación que nos han causado y nos siguen afectando. Los recursos públicos, los impuestos que tocan todos nuestros bolsillos deben revertir en causas comunes, y hace rato que les raparon su función original.

Solidaridad entre nosotros mismos es otra gran necesidad. Desde el hogar, desde los colegios, desde las instituciones de educación superior infundamos las experiencias que han marcado el buen destino en otras naciones y pueblos. Proyectos conjuntos, empresas comunes y comunitarias, frutos para todos, según sus aportes. Compitamos noblemente por ser los mejores.

La inseguridad, la incompetencia, la desunión y el tradicional conformismo que nos tiene marcados serán gradualmente superados en la medida que vayamos capacitándonos mejor y adecuadamente, y que implantemos el modelo de la unión entre nortesantandereanos. El resto es bagazo.

Hace más de un siglo Henry Ford revolucionó al mundo con sus factorías automotrices y su huella sigue moviendo al mundo, con dinamismo. ¿Qué hizo para lograrlo? Sencillo, superó barreras mentales y actuó siempre con la mirada y el pensamiento puestos en que: “Llegar juntos es el principio. Mantenerse juntos, es el progreso. Trabajar juntos es el éxito”. ¿Qué esperamos para hacerlo?

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