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Editorial
Caos en la calle
Lo peor del caso, es que cuando ocurre esa particularidad que ya no hace parte de una casualidad o de alguna urgencia, sino de una forma natural de actuar de quienes conducen esos vehículos, no hay un agente de tránsito ni ninguna autoridad policial para que al menos los reprenda.
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La opinión
La Opinión
Martes, 4 de Enero de 2022

El accidente automovilístico que se registró en la noche del primer día del año, donde resultaron 13 personas heridas y en el que estuvieron involucrados tres carros y dos motocicletas en la Autopista Internacional, es un hecho que no se puede dejar pasar por alto.

Lo ocurrido sirve de hilo conductor para argumentar que las autoridades de tránsito del área metropolitana (en especial de Cúcuta, Los Patios y Villa del Rosario) no solo deben limitarse a los operativos en busca de infractores sino también a las misiones preventivas y de educación a los usuarios de las vías.

Antes de seguir con esos aspectos, resulta de un imperativo urgente que les ponga freno a los piques o carreras ilegales de motos que se registran por los anillos viales, que con su adrenalina de velocidad extrema pueden llevar a una tragedia.

Es muy peligroso lo que se está intentado convertir en una costumbre, y es que los motociclistas y ciclistas desatienden las luces de los semáforos y sin importar que esté en rojo, siguen de largo, poniendo en peligro a los peatones que cruzan la calle y exponiéndose ellos mismos a ser atropellados por los carros que transitan al tener la vía.

Lo peor del caso, es que cuando ocurre esa particularidad que ya no hace parte de una casualidad o de alguna urgencia, sino de una forma natural de actuar de quienes conducen esos vehículos, no hay un agente de tránsito ni ninguna autoridad policial para que al menos los reprenda.

Tanto que se habla de cursos previos para obtener la licencia de conducción y de que a los ciclistas ahora les están haciendo bicicarriles para que circulen por ahí, bueno fuera que para ambos las secretarias o direcciones de tránsito dispongan de una enseñanza obligatoria para que aprendan a comportarse en la calle mientras conducen y sepan que la luz roja y las señales no son para adornar la ciudad.

Y otro riesgo que se ha masificado y que es fácil notar en las esquinas semaforizadas del centro y de avenidas como la Cero, es que pareciera que los peatones sufren de daltonismo, porque aunque una luz roja les advierte que no pasen y ellos ven venir los carros, cruzan como si nada, en un riesgoso desafío a la salud y la vida.

Aunque no son sectores alejados, lo extraño es que por allí tampoco están los agentes de tránsito, convirtiéndose entonces las calles en unas rutas del peligro en donde todos quieren pasar al mismo tiempo, contraviniendo las normas establecidas.

Pero los conductores de carros tampoco escapan a esta intolerable situación y ni que decir de quienes van al frente del volante de busetas y taxis que por cumplir urgentemente con lo del diario y con lo de su sustento, alimentan ese caos al que no se le ha encontrado solución adecuada en la capital de Norte de Santander.

Toda esa plata que se reúne de las multas, Tránsito Municipal debería  destinarla en su totalidad a campañas preventivas y educativas en las calles de la ciudad, con jóvenes por ejemplo a los que les podría dar la oportunidad de tener su primer empleo, con el fin de que en las intersecciones  y puntos semaforizados cumplan esa labor.

Igualmente, ya que nos vamos a meter de lleno en darle prioridad a la bicicleta, decirles y enseñarles a quienes la usan que están en la obligación de respetar las señales, así como ellos reclaman sus derechos.

No se debe permitir que ese desorden siga.

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