Unas fotos que publicó ayer La Opinión para mostrar el paso de los contrabandistas de gasolina entre Venezuela y Colombia son reveladoras no solo de la actuación delictual de los pimpineros, sino de la actitud de muchos funcionarios responsables de la frontera.
En algunas instancias de gobierno se tiene la idea de que, reabierto a medias el paso, las cosas marchan correctamente en la frontera. Pero esa es la visión que se genera cuando, por ejemplo, para analizar la situación, se va al puente Simón Bolívar. La realidad, entonces, es como se aprecia allí.
Pero no es así. Hay que bajar del puente. La verdadera realidad está, como de manera simbólica lo muestran las fotos, debajo del puente, donde ni el Estado ni sus funcionarios conocen, porque o no se atreven o consideran que todo es lo mismo encima o debajo. Y no.
No solo el contrabando sigue, sino que se ha incrementado con bienes que antes no venían de Venezuela. La gasolina y, en general, los combustibles, siguen pasando, incurable vena rota para los dos países: a Venezuela los contrabandistas le roban millonadas cada día, representadas en miles y miles de galones, y a Colombia, porque esos combustibles circulan en el mercado sin pagar impuestos de ninguna naturaleza.
Y pasan entre otras trochas, por debajo del puente de Tienditas, una gigantesca estructura multimillonaria que, en teoría facilitaría toda clase de intercambios y de transporte entre Colombia y Venezuela, pero que hoy es el símbolo de una realidad de relaciones rotas.
Sin importar si el río amenaza con llevárselos, en cualquier circunstancia económica, política, social e incluso meteorológica, los contrabandistas tienen en el río a su gran aliado en materia de cruce ilegal de mercancías. Y, en ese sentido, el paso es sin problemas tanto de ida como de venida.
Enfrentar con éxito a los contrabandistas no es imposible, pero sí muy difícil, y más si no hay los recursos humanos y técnicos para hacerlo. Algunas veces, por razón del control de la Policía, se ha logrado golpear a las mafias de la gasolina y de la carne. Últimamente se dio un golpe considerable a contrabandistas de cebolla.
Pero esos golpes no significan nada para los delincuentes, que están en capacidad de asumir las pérdidas de manera instantánea: están incluidas en sus contabilidades.
Desde luego, nada de eso se ve desde los puentes. El fenómeno solo comienza a ser apreciado cuando se está al nivel del río, bajo la estructura del enorme puente de Tienditas, por ejemplo, que sin haber sido inaugurado sirve de paso: por debajo para los pimpineros; por encima, para contrabandista de mercancías mayores, incluso autos, como lo han dicho testigos ocasionales de estas actividades delictivas.
Hace pocos días, un alto funcionario de la cancillería colombiana dijo que “se ha hecho un seguimiento a los compromisos que se adquirieron en cada una de las mesas (de trabajo para atender de forma oportuna las situaciones presentadas en la zona fronteriza), y concluimos que más del 70 por ciento de las tareas identificadas, han sido desarrolladas”.
Solo que no han sido efectivas.
