Colombia se mantiene como uno de los países con mayor Tasa de Actividad Emprendedora del mundo, una dinámica que se refleja en la necesidad constante de acceso a financiamiento para sostener y desarrollar las actividades productivas.
En línea con este comportamiento, el microcrédito se consolida como una herramienta clave para que más personas puedan poner en marcha, mantener y hacer crecer sus negocios, especialmente en segmentos donde el acceso al sistema financiero sigue siendo limitado.
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De acuerdo con cifras de Banco W, en marzo la entidad alcanzó desembolsos por $112.000 millones, lo que representa un crecimiento del 28% frente al mismo periodo del año anterior.
En total, se aprobaron 13.942 operaciones, de las cuales el 54,7% fue otorgado a mujeres y el 45,1% a hombres. Además, el 22,1% corresponde a personas que accedieron por primera vez al sistema financiero formal, evidenciando una mayor llegada del crédito a perfiles que tradicionalmente han tenido menos acceso.
La gerente de Microfinanzas del Banco W, Claudia Fernanda Muñoz, informó que el microcrédito es la puerta de entrada al sistema financiero formal para muchas personas que han estado por fuera de la banca tradicional.
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“Ese primer acceso permite vincularse en condiciones más seguras, construir historial y contar con una herramienta que, en el tiempo, les ayude a mejorar su calidad de vida”, manifestó Muñoz.
Precisó que el monto promedio de los créditos fue de $8 millones, destinados principalmente a capital de trabajo, lo que permite a los negocios mantener inventarios, responder a la demanda y generar ingresos de manera continua.
Esta dinámica se concentra especialmente en actividades como comercio al por menor, servicios, sectores rurales y microempresas de producción, donde el acceso a financiamiento resulta clave para la continuidad de las operaciones.
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A medida que estos negocios se fortalecen, el impacto se extiende más allá de la operación. Se estima que los desembolsos realizados en el periodo contribuyeron a la creación y sostenimiento de 2.664 empleos, lo que se traduce en ingresos más estables para miles de familias y en una mayor resiliencia económica en los territorios.
“Cuando una persona accede a un microcrédito, no solo está financiando su negocio. Está generando ingresos, sosteniendo empleo y construyendo estabilidad para su hogar. Ese efecto multiplicador es el que termina impactando de forma directa la calidad de vida de las familias”, agregó Muñoz.
En un país como Colombia, donde el emprendimiento hace parte del día a día de millones de personas, el acceso a servicios financieros formales marca la diferencia entre operar con limitaciones o contar con herramientas que permitan sostener y proyectar sus actividades en el tiempo.
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