Mientras en las calles de Cúcuta el consumo de sustancias psicoactivas se percibe cada vez más visible, en el Hospital Mental Rudesindo Soto se libra otra batalla: la de la rehabilitación.
Esta institución pública se ha convertido en referente para la atención de personas con dependencia a drogas en la ciudad y en Norte de Santander, especialmente en los casos asociados con la heroína.
Según los registros de la ESE, durante 2025 fueron atendidos 1.195 pacientes en Cúcuta por problemas relacionados con el consumo de sustancias psicoactivas.
Lea más: Cucuteños desarrollan estudio para el progreso de las pequeñas empresas
De ese total, 736 ingresaron específicamente por la adicción a la heroína, una cifra que evidencia el peso que tiene esta droga dentro de los procesos de rehabilitación.
En medio de esa dinámica, en los últimos cuatro años han identificado un crecimiento progresivo del número de pacientes que llegan en busca de tratamiento. En ese panorama, la heroína se mantiene como la sustancia que más demanda atención.

El camino hacia el tratamiento
El proceso de atención comienza cuando el usuario decide acudir voluntariamente al hospital. Julián Toro, subgerente de Salud del Rudesindo Soto, explicó que el primer paso es una valoración médica general, seguida por los exámenes toxicológicos y pruebas para detectar enfermedades infecciosas como VIH, hepatitis o sífilis.
“Lo importante es que exista voluntad de cambio por parte del usuario. A partir de ahí se define si el manejo será ambulatorio o intrahospitalario”, considera Toro.
Le puede interesar: SmartLab: la apuesta tecnológica de Cúcuta para formar talento y abrir oportunidades laborales
El especialista señala que, en algunos casos, los usuarios no están dispuestos a abandonar completamente ese mundo. En estos escenarios, el objetivo inicial del programa es acompañarlos para evitar que el problema se vuelva más grave y terminen, por ejemplo, en situación de calle o pierdan su empleo.
Programas para tratar la dependencia
Ariana Velázquez, coordinadora del área de Farmacodependencia ambulatoria del Hospital Mental Rudesindo Soto, explica que la institución cuenta con dos programas ambulatorios principales para abordar la adicción.
El primero es el programa sustitutivo con metadona, dirigido a personas que consumían heroína y que ya iniciaron una fase de desintoxicación. En este proceso se administra el medicamento que ayuda a controlar el síndrome de abstinencia y a disminuir la dependencia.
El segundo está orientado a usuarios que consumen marihuana, tusi, cocaína o basuco. En estos casos se realiza un proceso de desintoxicación y deshabituación, acompañado de un plan de tratamiento ambulatorio que incluye seguimiento médico, psicológico y social.
Cuando el caso lo requiere, los pacientes pueden ingresar a programas de hospitalización, cuya duración varía entre 20 y 90 días, dependiendo de la situación de cada persona y de su evolución durante el tratamiento.
Lea también: Falleció Margarita Silva, primera alcaldesa de Cúcuta elegida por voto popular
“El mensaje que siempre damos es que aquí son bienvenidos, incluso si han recaído. La adicción es una enfermedad crónica y no podemos estigmatizar a estas personas”, afirma la coordinadora del área.
Población impactada
De acuerdo con los registros del hospital, los pacientes que acuden a tratamiento tienen entre 14 y 68 años. Sin embargo, el mayor número de casos se concentra entre los 20 y los 30 años, con un pico que va de los 26 a 30.
También se ha observado una incidencia importante en jóvenes con edades de 16 a 24 años.
En cuanto a su procedencia, la mayoría de pacientes llega de las comunas 6, 7, 8, 9 y 10 de Cúcuta, sectores que concentran parte de la población más vulnerable de la ciudad, que coinciden con los lugares donde la Policía ha identificado altos índices de consumo.
Entre los factores que suelen aparecer en los antecedentes de consumo se encuentran problemas intrafamiliares, hogares disfuncionales, dificultades económicas y contextos sociales complejos.
Para los especialistas, estos factores muestran que el consumo de drogas no puede entenderse únicamente como una decisión individual, sino como el resultado de múltiples condiciones sociales, familiares y emocionales.
En medio de ese panorama, el Hospital Mental Rudesindo Soto continúa siendo el campo de batalla donde cientos de personas intentan, cada año, reconstruir sus vidas lejos de la dependencia.

Gracias por valorar La Opinión Digital. Suscríbete y disfruta de todos los contenidos y beneficios en http://bit.ly/SuscripcionesLaOpinion