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Cúcuta
Abelardo Vega, el veterano de la Guerra de Corea que hizo una nueva vida en Cúcuta
A sus 92 años, el exmilitar expone como eran las condiciones climáticas, alimentos y comunicaciones en aquel escenario bélico.
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Juan Marcoantonio Rivas Pinilla
Juan Marcoantonio Rivas Pinilla
Jueves, 2 de Abril de 2026

Este 2026 se cumplen 73 años del fin de la Guerra de Corea, un conflicto que, a pesar de ocurrir a más de 15.000 kilómetros de distancia, contó con la participación de miles de soldados colombianos.

Según registros históricos, el combate se desarrolló entre 1950 y 1953, luego de que Corea del Norte desplegara a más de 100.000 militares para invadir Corea del Sur, que en ese entonces se había consolidado como una nación anticomunista.

Dicha ofensiva llevó a que Estados Unidos y sus 16 naciones aliadas fueran a la guerra en respaldo de ese territorio. Así, Colombia, como una de ellas, se sumó en 1951 con el envío de un batallón de infantería y tres fragatas.

Aunque dos años después de su llegada el conflicto culminó, ya había dejado para Colombia un saldo de 196 uniformados muertos y más de 400 heridos.

Uno de los sobrevivientes a esos hechos fue Abelardo Vega García, quien, a pesar de haber construido una nueva vida en Norte de Santander, todavía recuerda las experiencias que vivió en aquel escenario bélico.


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30 días de viaje 

Vega García, de 92 años, explicó que su ingreso al Ejército se dio hace siete décadas, en el marco de ese conflicto. Indicó que, aunque es oriundo del Huila, fue reclutado en el departamento de Caquetá, tras una estancia allí.

“Estuve cuatro meses en Florencia y luego nos llevaron a Bogotá, donde hicimos entrenamientos y nos pusieron a ver muchas películas de guerra. De ese modo, en mayo de 1953 ya estaba viajando hacia Corea del Sur”, aseguró.

Sobre el viaje, García detalló que iban en barco en una tripulación de 416 soldados. Explicó que, durante el recorrido, atravesaron Panamá, Hawái y una parte importante de los océanos Atlántico y Pacífico.

Laureano Gómez junto con el batallón Colombia

Después de 30 días de trayecto, el veterano recordó que llegaron a la ciudad de Busan, en territorio surcoreano. “Todo estaba destruido, pero no nos quedamos ahí, pues tomamos un tren hasta Seúl y luego nos dirigimos hacia donde estaba el Batallón Colombia, en la zona rural de la frontera con China”, añadió.

Territorio hostil 

El exmilitar manifestó que, tan solo un mes después de reunirse con las tropas, se firmó un armisticio que dio por finalizada la guerra. Sin embargo, destacó que tuvieron que permanecer cerca de un año más en ese territorio, cumpliendo labores de patrullaje en la frontera.


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Vega señaló también que, aunque las hostilidades habían cesado, todavía enfrentaban el riesgo de ser descubiertos por el enemigo. Frente a ello, sostuvo que en el batallón debían abstenerse de acciones como generar humo.

Sumado a esto, el veterano recalcó que la variabilidad climática significó un reto para los soldados. De acuerdo con sus palabras, unos 16 compañeros murieron debido a enfermedades, asesinatos y casos de suicidio.

Otra de las vivencias que recordó fue la falta de comunicación con civiles o con el exterior. Mencionó que el contacto humano se reducía exclusivamente a sus compañeros y a breves encuentros con soldados estadounidenses, quienes les proveían alimentos enlatados.

Regreso a Colombia y vida después 

Tras meses de vivir las mencionadas situaciones, el huilense relató que en 1954 pudieron volver en barco a su país natal.

Nuevamente en Colombia, Vega señaló que fue elegido, junto con un sargento y otro soldado, para entregarle la bandera del país al expresidente Gustavo Rojas Pinilla.

Precisó que, aunque el evento llegó a desarrollarse en la Plaza de Bolívar, en Bogotá, el mandatario no los atendió. En cambio, fueron recibidos por su hija María Eugenia Rojas, quien les brindó honores por su valentía.

“Dos semanas después nos dieron de baja en el Ejército, pero sin ningún tipo de pensión. Por lo mismo, decidí volver a Caquetá, donde por varios años me dediqué a vender cadenas para motosierras”, contó el veterano.


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La vida del exmilitar empezó a cambiar a mediados de 1960, cuando formó una familia y, posteriormente, un sargento de la Policía le ayudó a obtener una pensión.

Su llegada a Norte de Santander se dio hace 50 años, cuando conoció a quien sería su segunda esposa. Desde entonces, García vive en la ciudadela de Juan Atalaya, donde aún conserva el uniforme, medallas y fotos que marcaron su vida en la década de 1950.

En cuanto a sus otros compañeros, agregó que muchos de ellos ya han fallecido por la edad. “Todavía conservo contacto con Luis Lizcano, que es otro veterano de esa guerra. Anteriormente, varios nos reuníamos en el centro, pero eso se acabó”, puntualizó.

Más allá de los desafíos enfrentados, Abelardo Vega expresó que su participación en el Ejército también le dejó mayor disciplina y la capacidad de nunca rendirse, valores que ha aprovechado para enseñar a su familia y a las nuevas generaciones que escuchan su historia.


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