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¿Participación ciudadana?
Nadie le niega al príncipe el derecho de convocar consultas populares, previo trámite en el Congreso de la respectiva ley.
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Martes, 18 de Marzo de 2025

Nadie le niega al príncipe el derecho de convocar consultas populares, previo trámite en el Congreso de la respectiva ley. Esa es una frase de cajón y recurrente en estos casos porque es la respuesta apropiada y correcta, sin agregarle aditamentos. En el camino, como en toda propuesta, han aparecido expertos en derecho público que le han señalado al Gobierno las falencias de la iniciativa ejecutiva.
 
Para ello, el señor presidente ya elaboró anti técnicamente y soltó la primera pregunta que someterá al constituyente primario: ¿El día (laboral) termina a las 6:00 p. m.? Recuerdo una entrevista que la escritora Flor Romero le formula al expresidente Alfonso López Michelsen sobre los mecanismos de participación ciudadana en un momento en que se debatía una enmienda a la Carta, a comienzos del siglo que corre. El expresidente, que fue docente y tratadista de derecho público, contesta que “ese embeleco hace creer que el pueblo participa en sus decisiones, pero lo que pasa es que se le quita la capacidad de controvertir. El pueblo no sabe qué es el plebiscito, qué es el consenso, qué es consulta y no sabe qué es soberanía, en consecuencia, no sabe qué es lo que les va a pasar”.
 
Hoy, precisamente hoy martes, se inicia la carrera por la tal consulta popular relacionada con las reformas laboral y a la salud, desconociendo las atribuciones del Congreso de la República. Luego le corresponderá el turno a “la paz total”, y en este caso concreto lo que nadie entiende es que el presidente a donde quiera que va declara la región “territorio de paz”. En ese territorio quiere implantar su “la paz total”, la que anunció y con la que arrancó su gobierno el 7 de agosto de 2022, y hoy está muy desdibujada. La misma de la que en diferentes épocas dijo el expresidente Juan Manuel Santos, su socio en el gobierno: que “no fue muy bien planeada”, que "está en cuidados intensivos" y “que comenzó mal”. En fin, fue un fiasco porque todo fue improvisado. Si al mismo Santos, que sí planeó todo su proceso de paz, las cosas no le salieron como quería, y ahí está el resultado, imagínese el lector cómo le va al que creyó que era el redentor sin tener las condiciones y, además, mal rodeado. Aquí existe la oclocracia: el gobierno de la muchedumbre desordenada, el poder de la turba. Al presidente no se le entiende la correspondencia entre “la paz total” que pregona y la orden a sus ministros de “salir a la calle a hacer lo que sabemos”.
 
A lo anterior, desde la propia cancha y desde la gradería, al señor presidente se le dice que no arriesgue su capital político en esta aventura electoral, que no malgaste los dineros públicos - poco más de medio billón de pesos - que tanto necesita para cuadrar las cuentas y que lo ha llevado a solicitar austeridad a su mismo gobierno, a los empresarios y a los hogares colombianos. No hay que olvidar que, si las preguntas de la consulta popular son debidamente aprobadas, deben ser convertidas en normatividad permanente por el Congreso de la República. No se puede obviar. 


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