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La lección de Noruega
La soberanía económica no se grita en discursos; se construye con una chequera responsable.
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Viernes, 20 de Marzo de 2026

Noruega no es rica solo porque tenga petróleo; es rica porque tiene disciplina. Mientras en estas latitudes el viento de cola se gasta en fiestas y burocracia, en Oslo entendieron hace décadas que la riqueza finita debe transformarse en capital infinito. El Government Pension Fund Global, ese coloso que ya supera los 1.5 billones de dólares en activos, no es otra cosa que el monumento a la sensatez.

Para que nos entendamos sin tanto tecnicismo: es como si cada noruego tuviera un respaldo de más de 280,000 dólares bajo el colchón del Estado. Pero no es dinero quieto. Está invertido en más de 9,000 empresas alrededor del mundo. Los noruegos no son dueños solo de su crudo; son dueños de un pedazo del progreso global.

La lógica es sencilla y aplica tanto para multinacionales como para la tienda de la esquina en Cúcuta: el que se come la semilla no tiene cosecha. Si un empresario usa las utilidades de diciembre para comprarse una camioneta de lujo en lugar de renovar inventario, está sentenciando su quiebra. Lo mismo pasa en el hogar: vivir de la tarjeta de crédito para aparentar un estatus que el salario no soporta es una forma lenta de suicidio financiero.

Sin embargo, en Colombia parece que hemos decidido que las matemáticas son una opinión y no una ciencia. El Gobierno actual está embarcado en una carrera de gasto que asusta. Estamos gastando mucho más de lo que nos entra, ensanchando un déficit que, aunque hoy se sienta como "inversión social" o flujo de caja en la calle, no es más que un espejismo peligroso. Gastar lo que no se tiene es, en esencia, robarle al ciudadano del futuro para que el político de hoy salga bien en la foto.

El contraste es doloroso. Mientras Noruega ahorra el excedente para cuando el petróleo se acabe o los precios caigan, aquí estamos quemando los ahorros y aumentando apoteósicamente la deuda en un momento de incertidumbre. Todo parece "bonito" mientras el chorro de gasto público irriga la economía, pero la resaca de esa borrachera fiscal la vamos a pagar todos.

La soberanía económica no se grita en discursos; se construye con una chequera responsable. Si no aprendemos a invertir y ahorrar como lo hacen quienes hoy ven la crisis desde la barrera, terminaremos dándonos cuenta, demasiado tarde, que nos gastamos el futuro antes de que llegara.


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