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A la altura del cielo
Hoy Colombia no solo se escribe con letras, se escribe con nombre de mujer.
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Lunes, 13 de Abril de 2026

Hoy Colombia no solo se escribe con letras, se escribe con nombre de mujer. Por donde uno mire, hay colombianas sacando la cara por nosotros y llevando la tricolor por el mundo, siendo estrellas en todo lo que se proponen. Ya no es solo un sueño, es una realidad: somos la berraquera hecha persona.

Miren nada más la música. Shakira y Karol G no solo cantan; son las únicas latinas que dominan los rankings de las giras más exitosas del siglo, demostrando que nuestro talento no tiene fronteras ni idiomas que nos frenen. En el deporte, figuras como Caterine Ibargüen y Mariana Pajón no solo ganaron medallas: cambiaron la historia. Convirtieron la disciplina en oro olímpico y demostraron que Colombia no compite: Colombia lidera.

Pero hay otro tipo de grandeza. Una que no llena estadios ni rompe récords de audiencia. Hay heroínas que no tienen hinchada, que no están en tarimas ni en podios, pero que cambian el mundo en silencio. Son las mujeres que, desde la ciencia, abren caminos que otros recorren después.

Ese camino hacia la cima no empezó ayer. Antes de que el mundo conociera a las ingenieras de hoy, la física y geóloga barranquillera Adriana Ocampo fue la que se atrevió a soñar primero. Llegó a la NASA como voluntaria antes de terminar el colegio y terminó trabajando en misiones históricas a Plutón y Júpiter. Fue parte de investigaciones clave que permitieron entender el cráter del asteroide que acabó con los dinosaurios y demostró que el talento colombiano no tiene límites. Adriana no solo llegó lejos: trazó el camino. Puso el primer ladrillo para que hoy otras colombianas brillen con luz propia.

Y ese camino hoy ya tiene nuevas protagonistas. Mujeres que no solo siguieron sus pasos, sino que están llevando el nombre de Colombia aún más lejos, literalmente fuera de este planeta.

El regreso de la misión Artemis II este 10 de abril de 2026 lo dejó claro. Nuestras protagonistas, Diana Trujillo y Liliana Villarreal, demostraron que el mando del espacio tiene acento colombiano.

Diana, nuestra caleña, miraba las estrellas desde niña para sentirse a salvo de la violencia de su ciudad. Cuando sus papás se separaron, vivió momentos de tanta escasez que ella y su mamá compartían un solo huevo para comer.

Se fue a Estados Unidos con apenas 300 dólares, sin saber inglés, y se pagó la universidad limpiando casas, tomando hasta seis buses diarios para poder estudiar. Lo más poderoso es que en su hoja de vida para entrar a la NASA escribió que su experiencia era “limpiar casas y mover cajas”. Hoy es directora de vuelo en Houston.

Y Liliana, nuestra cartagenera, se enamoró del espacio a los siete años. Sin internet, se metía a la biblioteca a buscar en enciclopedias cómo las mujeres podían llegar a ser astronautas. Su sueño de ser piloto se frenó a los 15 años por un problema de visión, pero no se rindió. Hoy es la directora de aterrizaje y recuperación, encargada de coordinar el regreso seguro de la misión.

Qué ignorancia la de quienes, después de ver a estas mujeres haciendo historia en el mundo y en el espacio, todavía dudan de que Colombia pueda tener a su primera mujer presidenta.

Si nuestras mujeres ya dirigen misiones espaciales, decir que Colombia no está lista para una mujer presidenta no es una opinión: es quedarse atrás, porque si ya conquistamos el cielo, en la tierra no hay nada que nos quede grande.


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