Los días pasan y las elecciones se acercan. Cada día la polarización es más profunda y se presentan fórmulas y adhesiones que no dejan de generar sorpresas, como la de Juan Fernando Cristo a Iván Cepeda. Es posible que en política todo sea válido, pero en todo caso, esta última no deja de causar sorpresa y algo de desconcierto.
Como escribía en una reciente columna, estos cuatro años de gobierno del cambio no han sido una buena experiencia política. Son varios los sectores que se han afectado: la salud, la convivencia ciudadana, la paz que va peor que nunca, los escándalos de corrupción son aún peores que los de gobiernos anteriores, el déficit fiscal ha crecido desmesuradamente, y la desconfianza en lo que puede pasar pronto, crece cada día. Por ello, el desconcierto de la adhesión de Juan Fernando Cristo a Cepeda, liberal y quien en los últimos meses se había presentado como un candidato de centro, dio un giro a la extrema izquierda que para muchos era inesperado.
Sin duda que todo candidato es dueño de definir sus alianzas y apoyos, y más alguien que ha tenido un recorrido importante en política como Cristo, pero de ahí, de ese liberal y candidato del centro con su movimiento “En Marcha”, a adherirse al candidato de izquierda no deja de causar sorpresa, y para muchos hasta desconcierto. Si el interés de Juan Fernando, más que político es personal, causa aún mayor desconcierto, puesto que ya ha tenido todas las dignidades en la vida: ministro, embajador y presidente del Congreso. Si se trata de un ministerio, algo que deja a él este gobierno, es que ser ministro más que un honor, fue una deshonra.
Y es que de llegar Cepeda a la Presidencia, es claro que una de sus primeras decisiones será la de implementar una asamblea constituyente que por sí misma llevaría al país a unos niveles cercanos al caos. Así es, con temas críticos como los ya señalados, agregarle al país un debate sobre la necesidad de una reforma constitucional que sin duda trataría de lograr cambios profundos en la competencia de las altas Cortes, en el modelo económico del país, muy probablemente en las posibles ventajas de la reelección, es muy posible que trate de darle mayores potestades al presidente, y todo ello en medio de unas circunstancias en las que la Paz Total naufragó, el déficit fiscal es enorme y el escenario mundial no es el mejor.
Nunca he votado por un candidato de derecha, mi opción siempre ha sido el centro. No es nada nuevo decir que el centro como opción política se diluyó totalmente hacia las próximas elecciones. Sergio Fajardo no repunta, y el mejor candidato de centro de las elecciones, Daniel Oviedo, ya está con Paloma.
Hace cuatro años fui de los que creyó en que Petro podría hacer un mejor gobierno, pero su narcisismo y egolatría no lo dejaron. Todo esto me recuerda un libro de Stefan Zweig : “Momentos estelares de la humanidad”, que relata cómo grandes protagonistas de la historia política de la humanidad, quienes en su momento tuvieron una oportunidad sin igual y única de cambiar el rumbo de sus sociedades, al ignorar la dimensión histórica de la oportunidad que les dio la vida para ése propósito, terminaron sin producir nada. Eso mismo le pasó a Petro con el primer gobierno de izquierda que tuvo Colombia.
Soy de los que cree que de llegar Cepeda a la Presidencia de Colombia, al final de su gobierno, muy seguramente no dejaría al país en un buen camino y quedaríamos en una confrontación institucional y social profunda. Él no es un buen camino para Colombia ni para el Norte de Santander. Probablemente Juan Fernando cree en las bondades de su adhesión (no sé si su papá pensaría lo mismo), pero tengo la impresión de que muchos de los militantes de su movimiento y de sus amigos más cercanos, no están seguros de apoyarlo en esa adhesión.
Incluso, muchos afirman que después de los resultados de las elecciones al Congreso, la adhesión de Cristo en cuanto a votos es poco significativa, pero que el daño que le causa es gravísimo. “Ese no es el Norte que necesitamos Juan Fernando”.
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