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Jóvenes: la fuerza que el poder dejó atrás
Habrá que esperar hasta marzo de 2025 para conocer las cifras consolidadas de 2024, pero los resultados hasta ahora reflejan una ejecución insuficiente y la falta de estrategias que aprovechen el potencial del sistema mixto de educación del país.
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Martes, 21 de Enero de 2025

Los jóvenes fueron fundamentales para la llegada de Gustavo Petro a la presidencia, desempeñando un papel crucial en las calles y las movilizaciones que impulsaron su victoria. Sin embargo, su importancia para el presidente parece haberse quedado allí, en las calles, sin traducirse en políticas públicas que transformen su realidad.


A dos años de su mandato, las grandes promesas hechas a este sector se han desvanecido. En el ámbito de la educación superior, lo que alguna vez se presentó como una bandera ambiciosa, enfrenta ahora una dura realidad: incumplimientos, metas rezagadas y retrocesos en los mecanismos de financiación.

La expansión de la infraestructura educativa, anunciada con grandes expectativas, está lejos de cumplir sus objetivos. Aunque el Plan Nacional de Espacios Educativos de Educación Superior priorizó 150 proyectos, solo 5 están en ejecución.

En el año 2023, el proyecto de mejoramiento de infraestructura educativa recibió una asignación de 552 mil millones de pesos, comprometidos en su totalidad mediante un convenio entre el Ministerio de Educación Nacional (MEN) y Findeter para desarrollar 25 proyectos. Sin embargo, solo se obligaron 16 mil millones de pesos, equivalentes al 3% de los recursos, mientras que el 97%restante, equivalente a 535,2 mil millones de pesos, quedó en reserva.

Resulta paradójico que el presidente Petro, quien en su momento criticó duramente este tipo de convenios, ahora emplee las mismas estrategias que tanto cuestionó.

El último informe del Ministerio de Educación Nacional (MEN), publicado el 27 de diciembre de 2024, evidencia una apropiación de 800 mil millones de pesos para este proyecto. Sin embargo, al cierre del tercer trimestre, solo se había comprometido el 0,1 % de esos recursos (804 millones de pesos), sin que se registraran ejecuciones.

Adicionalmente, el gobierno estableció como meta en educación superior aumentar la tasa de cobertura del 53,8 % al 62 % y asegurar que 500.000 nuevos estudiantes accedieran a este nivel educativo para el 2026. No obstante, ambas metas muestran un avance rezagado.

Según el último informe disponible, en 2023 la tasa de cobertura solo alcanzó el 55,4%, quedando por debajo de la meta intermedia del 57%. En cuanto al ingreso de nuevos estudiantes, se lograron únicamente 65.063 cupos, de los cuales 42.666 corresponden a instituciones de educación superior públicas y 22.397 al SENA. Esto representa apenas un 13 % del avance necesario para cumplir con la meta del cuatrienio, evidenciando un atraso significativo.

Habrá que esperar hasta marzo de 2025 para conocer las cifras consolidadas de 2024, pero los resultados hasta ahora reflejan una ejecución insuficiente y la falta de estrategias que aprovechen el potencial del sistema mixto de educación del país.

Además, se ha evidenciado una disminución considerable en los recursos destinados a apoyar a los estudiantes más vulnerables. Para 2025, el ICETEX enfrenta un déficit de 991 mil millones de pesos, lo que afecta directamente a 332.000 beneficiarios actuales y elimina la posibilidad de abrir 40.000 nuevos créditos para población vulnerable.

Entre los afectados, 183.000 estudiantes perderán el subsidio a la tasa de interés, 53.000 no podrán acceder a condonaciones por graduación y 113.000 se quedarán sin subsidios de sostenimiento.

Asimismo, los recursos asignados para estos programas han caído drásticamente: de 3,2 billones de pesos en 2023 a solo 687 mil millones en 2025, una reducción que refleja la desconexión entre las decisiones presupuestales y las necesidades de los estudiantes.

No hay recursos para apoyar a los jóvenes que están estudiando o que desean estudiar a través del ICETEX, pero sí los hay para quienes cometen delitos. ¡Así estamos!

La verdad es que no sorprende que este tampoco sea el gobierno de los jóvenes. Pero la verdadera pregunta es: ¿dónde quedó el movimiento estudiantil? Pareciera que su motivación para alzar la voz y reclamar derechos respondiera más a intereses políticos que a una causa genuina por proteger a los estudiantes. Hoy, su silencio no solo desconcierta, sino que se convierte en una forma de complicidad ante la difícil realidad que enfrentan miles de jóvenes en el país.


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