Este domingo 8 de marzo, los ciudadanos colombianos están convocados a la elección del Congreso de la Nación, integrado por la Cámara de Representantes y el Senado de la República, para el período 2026-2030. Son las principales instituciones de la rama legislativa del poder público y su función es expedir leyes y ejercer control político sobre el conjunto del Estado. Debe estimarse como un escenario relevante de la democracia y, por consiguiente, cuanto haga, está llamado a fortalecer el desarrollo del país de forma integral, en beneficio de quienes lo habitan, sin exclusión alguna.
Para el cumplimiento de sus fines, el Congreso debe estar integrado por colombianos idóneos en la función pública, conscientes de sus responsabilidades. Personas con formación reconocida basada en el conocimiento, pero también en convicciones éticas, en una conducta consecuente con la decencia y en la garantía de no incurrir en prácticas viciadas de la deleznable politiquería. No deben tener cabida allí quienes utilicen la trampa de la compra del voto, que es una de las formas del repudiable fraude con que se le resta legitimidad al derecho a elegir. Esas marrullas son las que degradan la institucionalidad y se convierten en caldo de cultivo de la corrupción.
Los ciudadanos que participen en la votación para elegir congresistas están en el deber de hacerlo de forma consciente, con la obligación de acertar en la escogencia de los candidatos, no sea que, por la falta de conocimiento de los mismos, beneficien a quienes no merecen el honor de ocupar una curul de corporación legislativa.
Con sujeción a la democracia, claro está que en el Congreso pueden tener asiento todas las corrientes de opinión, las diversas vertientes ideológicas, pero como protección a los intereses del pueblo, que es quien decide, conviene apostarle a una mayoría que no obstruya las soluciones de beneficio general, que no se oponga a los cambios de apertura al reconocimiento de los derechos que mejoren las condiciones de vida de la comunidad agobiada por necesidades insatisfechas acumuladas durante tanto tiempo.
Colombia padece la obstrucción de la mayoría del Congreso a las reformas con las que se busca superar la desigualdad social. Es la misma mayoría proclive al desconocimiento de la soberanía nacional por parte de gobiernos extranjeros, la misma que se opone a la búsqueda de acuerdos que pongan fin a la criminalidad y a la violencia de diferentes grupos armados articulados a intereses excluyentes, pero todos entrelazados con el narcotráfico.
Lo que se espera es que los electores elijan un Congreso que responda al interés general de contribuir a la construcción de una nación en que el Estado social de derecho no se convierta en apariencia sino que genere fortalezas para sacar a Colombia de las carencias que la debilitan y promueven la pobreza, la violencia, la corrupción, o tantos atrasos acumulados y diversidad de adversidades predominantes a lo largo de la historia nacional, bajo la pasividad de gobiernos que han monopolizados beneficios de la economía para la casta de sus privilegiados.
Puntada
Hoy, día de la mujer, se le deben reafirmar sus derechos y comprometerse con la defensa de cuanto le dé dignidad a su existencia. Pero con énfasis funcional.
ciceronflorezm@gmail.com
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