Así se denomina un juego de azar que se juega principalmente en Medellín. Pareciera que el alcalde Jorge Acevedo lo juega bien porque decidió ignorar al Concejo Municipal y la decisión del Tribunal Administrativo que le ordenó que debía tener la revisión previa del cabildo en el caso de Veolia.
Hay casos en el país de alcaldes que frecuentemente deciden tomar el camino del medio, pasarse por encima de lo que sea, la ley no existe, menos los tribunales, lo importante es el gana gana, “y pa´delante”, sin preocuparse por lo que pueda venir más adelante. De hecho, en la historia de las alcaldía de Cúcuta, creo que ha habido tres mandatos en los que ha ganado el voto de opinión, la ciudad en las elecciones les dio un voto de confianza, había muchas expectativas sobre las obras que podrían hacer, pero por eso del gana gana ninguna de ellas terminó bien: la administración de Pauselino Camargo, Donamaris Ramírez y Jairo Yáñez.
Aquí en Colombia ha habido frases famosas cuando gobernadores o alcaldes deciden pasarse por encima de la ley, y algunos de ellos se dedican es a otras cosas hasta el punto que ya ni siquiera aplica – se quedó corta la famosa frase de Turbay – que decía “que la corrupción hay que ajustarla a sus justas proporciones”, u otra en la que el descaro es aún mayor: “En Colombia da más una alcaldía que un embarque de coca”.
Como ejemplo de estas cosas, recuerdo la inauguración de un puente en Buenaventura que se cayó justo en el momento en que cortaban la cinta de inauguración. Por algo de eso el alcalde de Villa de Leyva fue capturado por la Fiscalía en estos días. El tema de la elección popular de alcaldes y gobernadores es una polémica que no termina nunca, si era más confiable el nombramiento, o mejor la elección popular. En nuestro caso, creo que mejor nos fue con los alcaldes nombrados que con los elegidos.
Ni para qué hablar de las ciudades que han tenido los mejores alcaldes calificados en encuestas de opinión. Hoy en día figuran los de Barranquilla, Medellín, Bogotá y Manizales. Y saliéndonos del país, ni para que recordar en alguna ocasión el alcalde de Berlín, que renunció porque una obra que había prometido, se demoró dos meses en entregarla y por ello su dimisión.
Por supuesto que nunca de eso habrá en Colombia, en donde el metro de Bogotá lleva más de 70 años de construcción. A Cúcuta hay que rescatarla, hay que elegir en los próximos meses un buen alcalde, que no llegue pensando en el gana gana, y entienda que hay mucho por hacer por la ciudad y más con la inestabilidad que afronta Venezuela, y posiblemente nosotros dependiendo del resultado de las elecciones presidenciales. La ciudad no puede seguir siendo una tierra apta, pero para faraones.
Hay un libro clásico en Colombia de Eduardo Caballero Calderón “Yo alcalde”, que entre otras cosas, hablando de la política local, escribía: “La política aquí no es de ideologías, es una mezcla de compadrazgos, favores pendientes y eterno deseo de ser importante”. Todo ello sucedía en los años 50 en Tipacoque. ¿Quién debería ser el próximo alcalde de la ciudad? Una buena pregunta, muchos interrogantes. Tengo la impresión que hasta el momento no ha salido el candidato que necesita Cúcuta.
Que sea un alcalde comprometido con la ciudad y no atento a manejar otros intereses, para que no le sucede lo que hoy le pasa a Petro, que en días recientes dio una declaración en la que decía que después de la Presidencia quería ser rector o profesor de la universidad Externado, a lo que el periodista Ramiro Bejarano le contestó que no tenía perfil ni para ser el celador de la universidad.
Que, en todo caso, como con lo del desayuno se sabe como será el almuerzo, que el gana gana de Veolia no sea un anticipo de la próxima concesión del acueducto.
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