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Cuando las fronteras se afectan, también se afecta la economía
Colombia, necesita sin duda, defender sus intereses comerciales.
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Jueves, 12 de Marzo de 2026

Colombia luego de la apertura de Gaviria ha construido su comercio exterior sobre un principio sencillo: la cercanía geográfica facilita el intercambio económico. Sin embargo, en los últimos años ese principio parece haberse debilitado por decisiones políticas, tensiones diplomáticas y medidas comerciales que terminan afectando directamente al aparato productivo nacional, en contra de los tratados de libre comercio y en especial del CAN.

Primero fue Venezuela y se pensó que sería un tema de días que ha durado años. Durante décadas, el vecino país representó uno de los principales mercados para la industria colombiana. Empresas de alimentos, textiles, medicamentos, manufacturas y servicios encontraban allí un destino natural para sus productos, Cúcuta se afianzo en el mercado de Bolívares. El cierre progresivo de la frontera y el deterioro de las relaciones bilaterales provocaron la pérdida de ese mercado estratégico, obligando a miles de empresas a reinventar sus canales de exportación.

Hoy parece repetirse la historia con Ecuador.La reciente escalada arancelaria entre ambos países ha elevado los gravámenes hasta el 50 % sobre productos colombianos, en medio de una disputa comercial y política que comenzó con tarifas del 30 % y rápidamente escaló a medidas recíprocas.En términos simples, un arancel de esa magnitud vuelve prácticamente inviable la exportación de muchos productos colombianos hacia ese mercado, pues los costos finales superan la capacidad competitiva de nuestras empresas y ya nos golpean sin piedad.

Hoy me decían que Ecuador abrirá sus puertas y sus canales comerciales con Chile, pero ellos no tienen industria manufacturera, dos agendas fallidas nos enseñaron a varios empresarios colombianos, que en Chile manda China y que la industria manufacturera y de confección, no proveerán mercados ni para exportar ni para importar, por eso lo que se debe plantear es una oleada más de la Correista visión de hacer a Ecuador un paraíso de la confección y de la industria autosostenible (2007-2017), ahora desde la visión de Daniel Novoa.

El impacto no es menor. En 2025, Ecuador importó desde Colombia cerca de 1.928 millones de dólares en bienes, muchos de ellos insumos productivos y bienes de consumo que alimentaban la cadena económica binacional.Ese flujo comercial no solo representaba ingresos para exportadores colombianos, sino también empleo, logística, transporte, producción agrícola e industria manufacturera.

Algunos gremios han advertido que las importaciones entre ambos países han caído hasta 73 % desde el inicio de la disputa, una señal clara de que el comercio bilateral está entrando en una fase de contracción.La frontera, particularmente en el paso de Rumichaca, uno de los principales corredores comerciales andinos, comienza a resentir la reducción del flujo de mercancías, afectando transporte, comercio y servicios asociados.

Colombia está perdiendo progresivamente sus mercados naturales en la región. Primero Venezuela, ahora Ecuador. Dos vecinos con los que compartimos frontera, historia, infraestructura logística y cadenas productivas complementarias.Cuando se pierde un mercado cercano, no basta con decir que se buscarán nuevos destinos. Reemplazar mercados regionales no es sencillo.

Las empresas exportadoras, especialmente las pequeñas y medianas, dependen de mercados próximos donde los costos de transporte son bajos, las regulaciones son similares y las relaciones comerciales ya están consolidadas.Un mercado distante exige nuevas certificaciones, mayores costos logísticos, adaptación de productos y redes comerciales que tardan años en consolidarse.

Por eso, cada frontera que se cierra representa algo más profundo que un desacuerdo diplomático: representa la pérdida de competitividad para la empresa colombiana.

Paradójicamente, mientras el mundo avanza hacia bloques económicos, cadenas globales de valor y acuerdos comerciales más integrados, en nuestra región parece imponerse una lógica inversa: la fragmentación.Las guerras comerciales rara vez tienen ganadores.

En teoría buscan proteger la producción nacional, pero en la práctica terminan elevando costos, reduciendo mercados y debilitando la confianza entre socios comerciales.

Colombia, necesita sin duda, defender sus intereses comerciales. Pero también necesita preservar algo aún más importante: la estabilidad de sus relaciones económicas con los países vecinos. Porque cuando las fronteras se convierten en instrumentos de presión política, el verdadero costo no lo pagan los gobiernos, sino las empresas, los trabajadores y las regiones que viven del comercio.

Cerrar mercados es fácil.Reconstruirlos puede tomar décadas, diversificar y reducir son las únicas soluciones a la mano.


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