Una frase muy trillada, un comodín utilizado por todo el mundo es: “respeto su opinión, pero no la comparto”.
Con esa frase se queda bien con el otro, se elude mostrar firmeza y contundencia en lugar de mostrar lo que realmente se piensa. Como veremos más delante de la mano del filósofo español José Antonio Marina, hay opiniones que no siempre son respetables. Si alguno le lanza a otro palabras denigrantes contra el honor de una mujer de la familia, el aludido no puede responderle que respeta su opinión pero no la comparte. Ni lo uno ni lo otro, porque ello no es una opinión sino una ofensa.
Igualmente, suele expresarse ante decisiones judiciales o decretos gubernamentales disparatados: acato pero no respeto. Un ejemplo de acatar pero no respetar ocurre por ejemplo cuando la Corte Constitucional de Colombia señaló en la sentencia C-148 de 2022 que los peces eran seres sintientes y padecían estrés por la pesca: tal opinión no puede ser respetable por ser ridícula. Y ejemplo clásico de un decreto no respetable fue el que anunció que expediría el alcalde del municipio de Baranoa, en el departamento del Atlántico, en el 2013, para prohibir que la gente muriera en el pueblo debido a la falta de espacio en el cementerio. Seguramente el burgomaestre no emitió el decreto al ver a la gente morirse de la risa.
Los ejemplos podrían multiplicarse, llegando a todos los ámbitos: moral, político, científico, religioso, cultural o económico. En este contexto, a nadie se le impide que sostenga que dos más dos son cinco, o que la luna es de queso, pero, repito, si lo que se afirma es absurdo, o falso, u ofensivo, o inmoral, o delictivo, no podemos escondernos bajo el lema de “respeto su opinión pero no la comparto”. Asentir de esa forma indica que estoy permitiendo que ofendan mi inteligencia, en el caso de la suma, o mi dignidad o la dignidad de otro, en el caso, digamos, de una calumnia.
En fin, que lo que consideramos en muchas ocasiones moderación, cultura, tolerancia o pacifismo en realidad es una hipocresía y cuando no, una cobardía, que se combaten con franqueza y valentía, respectivamente. Por tanto, tengamos la entereza de revelar ante el otro nuestro desacuerdo con su opinión equivocada o malévola, o lo que sea.
El mentado profesor José Antonio Marina, filósofo español de fama internacional, ensayista y pedagogo, autor de una “Teoría de la Inteligencia”, reveló, en una entrevista, que les preguntó a sus alumnos si todas las opiniones son respetables, y ellos le respondieron que sí. Cuenta que les contestó: “No. Lo que es respetable es el derecho a exponer su opinión sin que haya una inquisición. Pero la respetabilidad de las opiniones depende del contenido de las opiniones y puede haber opiniones estúpidas, opiniones blasfemas, opiniones injustas, opiniones racistas”. Y si alguien le reclamara: “Respete mi opinión”, dijo que él respondería: “La respeto o no la respeto, depende de cómo sea su opinión. Las opiniones tienen que venir acompañadas, si quieren que las tomemos en serio, de la argumentación de esa opinión, y si es únicamente una especie de excrecencia del corazón, pues, mira, quédate con ella. Decía el gran Antonio Machado: “la verdad; tu verdad no: la verdad”.
orlandoclavijotorrado@yahoo.es
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