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Crónica de un renacer anunciado
La Perla del Norte ya no es una promesa; es una realidad que se camina, se disfruta y se ama profundamente.

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Sábado, 21 de Febrero de 2026

Cúcuta no es solo una coordenada en el mapa; es un sentimiento que late al ritmo de las brisas del Pamplonita. Hoy, en pleno 2026, nuestra "Noble, Leal y Valerosa" ciudad ha dejado de mirar al pasado con nostalgia para abrazar un presente de transformación. La Perla del Norte ha vuelto a brillar, no solo en su geografía urbana, sino en el bolsillo y el corazón de su gente.

En lo económico, la ciudad ha sabido "capotear" las dificultades. La reactivación plena de la frontera con Venezuela y el flujo histórico de remesas del 2025 —donde el departamento recibió más de 209 millones de dólares de los 13.000 millones que ingresaron al país— han inyectado una energía vital a nuestras calles. Esa "platica" no se ha quedado en papeles; se siente en el comercio bullicioso y en una ciudad que ya no camina a paso lento, sino que corre hacia la modernidad.

Esta bonanza ha sido el motor para "remendar" las heridas del asfalto. Atrás quedó el estigma de ser "la ciudad de los huecos"; hoy, gracias a la gestión de la administración de Jorge Acevedo, la malla vial luce como un paño de billar en sectores clave, demostrando que cuando se quiere a Cúcuta, las obras se ven y se sienten. El Malecón, uno de los parques lineales más grandes del país y “pulmón de nuestra ciudad”, es el mejor testigo de este cambio. Quienes regresan tras una década de ausencia quedan "limpios" (asombrados) al ver la explosión de conjuntos residenciales y un paseo fluvial que nada tiene que envidiarle a las grandes capitales.

Para entender el orgullo cucuteño, hay que caminar El Malecón, el antiguo Paseo de los Próceres. Lo que hoy es alegría, nació de la necesidad de protegernos: desde principios del siglo XX, esos muros fueron el escudo contra las "crecientes" bravas del río Pamplonita que inundaban la ciudad. Fue la visión de la alcaldesa Margarita Silva de Uribe, quien el 17 de junio de 1983 lo inauguró, transformando un muro de contención en un epicentro de vida.

Hoy, sus casi 5 kilómetros son un altar a la cultura y el deporte. Cada fin de semana, cerca de 16.000 almas se congregan bajo la sombra de los oitís y las acacias. El Malecón es el escenario de nuestras rarezas hermosas, como celebrar el Día de las Madres el último domingo de mayo, una tradición que nos hace únicos en Colombia. Es el lugar donde el alumbrado navideño nos envuelve en cuentos de hadas y donde el Teatro de las Cascadas resuena con el talento local.

La ciclovía dominical se ha convertido en todo un ritual sagrado. De 6:00 a.m. a 1:00 p.m., el rugido de los motores cede su lugar al pedalear de los biciusuarios y al paso firme de quienes buscan salud frente al río. Es un espacio donde el civismo se contagia y donde se siente que Cúcuta es, como decía el inolvidable Álvaro "El Mocho" Barreto: “la ciudad de las frondosas acacias y de las calles amplias como el corazón de sus habitantes”

Ángel Barajas, el gimnasta más destacado del mundo en la actualidad, y nuestro doblemente glorioso Cúcuta Deportivo, nos demuestran que ser cucuteños es portar un sello de resiliencia. La Perla del Norte ya no es una promesa; es una realidad que se camina, se disfruta y se ama profundamente.


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