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Desde la posesión del presidente nacionalista Donald Trump como el 47º presidente de Estados Unidos, el pasado 20 de enero, es innegable que el mundo cambió y no sabemos aún lo que nos espera.
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Martes, 4 de Marzo de 2025

Desde la posesión del presidente nacionalista Donald Trump como el 47º presidente de Estados Unidos, el pasado 20 de enero, es innegable que el mundo cambió y no sabemos aún lo que nos espera. Aunque ya probamos un trago amargo, no por iniciativa del gobierno americano sino por la provocación de nuestro príncipe. Traigamos a colación algunos casos, inconexos entre sí:

1. Poco a poco vamos viendo cómo países con una clase gobernante aplomada y un electorado en cierta forma mejor preparado que el de las “bananas republics” van sucumbiendo ante el encanto engañoso de lo se denomina eufemísticamente progresismo.

El caso más reciente es Alemania, que el pasado 23 de febrero fue a elecciones para elegir nuevo parlamento, el Bundestag. La Unión Democristiana/Unión Socialcristiana (CDU/CSU), con el conservador Friedrich Merz, gana, pero no le alcanza, y tiene que negociar para formar gobierno. El derrotado en estos comicios fue el actual canciller socialdemócrata Olaf Scholz, pero fue el escogido por el ganador para formar gobierno. Poco antes de las elecciones Merz dijo que va a endurecer las leyes migratorias y cerraría las fronteras, y al día siguiente del triunfo electoral, con el mayor desparpajo manifestó Merz, para congraciarse con los socialdemócratas: “Nadie ha hablado de cerrar las fronteras”. Es decir, los socialdemócratas tuvieron una debacle electoral, pero ganaron porque tienen la llave para formar gobierno. Alemania compra la receta que ha llevado a Francia y España al estancamiento, al déficit y a la deuda. Es decir, llegan a un acuerdo para endeudarse más y gastar más, hasta que reviente. Lo mismo que nos pretenden aplicar. Esto y el abandono en que Trump quiere dejar a Europa es desastroso.

2. Europa en general tiembla ante las políticas de Trump. Negocia directamente con Putin el término de la guerra, sin participación de Ucrania ni la Unión Europa que han participado en el abastecimiento de material de defensa al país agredido. En otras palabras, como dijo el exministro español Joseph Borrell: “Si tú no estás en la mesa, eres parte del menú”.

3. La reciente visita a Estados Unidos del presidente ucraniano Volodimir Zelenski me hizo recordar el reciente consejo de ministros televisado en Colombia. Indudablemente ambos fueron dos encerronas programadas. Lo incomprensible es que el presidente Zelenski llegue hasta la Oficina Oval de la Casa Blanca, con periodistas de todos los medios, con el fin de negociar un tratado sobre “tierras raras”, cuando el procedimiento diplomático indica que las respectivas Cancillerías adelantan las negociaciones, lo pulen, lo pasan a limpio y después los presidentes, luego de su aprobación, lo suscriben.

Comentaba un amigo que lo bueno de esta pelotera es que aprendimos que existen las tierras raras, “término con el que se agrupan 17 elementos químicos y recibe ese nombre por la dificultad de encontrarlos en una forma pura en la corteza terrestre”.


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