Un parecido físico y una rutina similar en un gimnasio de la ciudad de Bogotá son las piezas clave que ahora podrían cambiar el rumbo de la investigación por la muerte del empresario del sector arrocero Gustavo Aponte, asesinado el pasado miércoles 11 de febrero.
Según fuentes investigativas conocidas por Semana, la Fiscalía General de la Nación sostiene una nueva hipótesis: el crimen no fue un ataque directo contra Aponte, sino una confusión de identidad en medio de una guerra silenciosa entre clanes esmeralderos.
Las pesquisas indicaron que los sicarios buscaban a un reconocido comerciante de esmeraldas que frecuentaba el mismo gimnasio y guardaba un notable parecido con la víctima. A diferencia de Aponte, el esmeraldero —cuya identidad se mantiene bajo reserva por seguridad— contaba con un esquema de protección permanente.
Aunque inicialmente se consideró la extorsión como móvil, el análisis de nuevos testimonios y registros técnicos ha fortalecido la tesis del “error de objetivo”. Esto se enmarca en un contexto de violencia sistemática en el sector de las esmeraldas, donde ataques planeados han marcado un patrón reciente de homicidios en la capital.
El camuflaje y la logística en la barbería
La reconstrucción judicial, detallada por los investigadores a Semana, expuso una logística milimétrica. Horas antes del doble crimen, uno de los sicarios ingresó a una barbería en una zona concurrida de Bogotá.
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Este sujeto entró, según lo relatado, con aspecto informal y el cabello desordenado y minutos después, abandonó el establecimiento con un cambio radical: vestimenta formal, peinado y portando su ropa anterior en una bolsa.
Esta maniobra buscaba, al parecer, burlar los cercos policiales y dificultar el reconocimiento a través de las cámaras. Al salir, el ejecutor abordó un vehículo particular donde, según el expediente, le fue entregada el arma de fuego.
El rastro de las 125 cámaras: la muerte del empresario arrocero
La trazabilidad de los movimientos fue posible gracias al análisis de más de 125 cámaras de seguridad en la ciudad de Bogotá y sus alrededores, teniendo como referencia las más cercanas al gimnasio Bodytech de la calle 85, donde todo ocurrió.
El seguimiento permitió identificar que en el operativo criminal participaron al menos cinco personas: el sicario, un “campanero” encargado de la vigilancia, un motociclista para la huida y el conductor del automóvil, quien posteriormente también fue asesinado.
El rastro digital de la operación criminal con la que presuntamente iban a dar de baja al esmeraldero, finalizó afuera del gimnasio donde Aponte se encontraba junto a su escolta, Luis Gabriel Gutiérrez, al momento de salir del lugar.
Ambos fueron acribillados en un ataque que, de acuerdo con la nueva línea de la Fiscalía, estaba destinado a saldar una cuenta pendiente dentro de la industria de las gemas, pero que terminó segando la vida de un empresario ajeno a ese conflicto.
Aponte era propietario de Arroz Sonora, una de las compañías más reconocidas del mercado nacional, con operaciones en Tolima y Casanare. Según fuentes cercanas al sector, gozaba de buena reputación y no se tenía conocimiento público de amenazas previas en su contra.
Además de su actividad empresarial, Aponte figuraba como miembro principal del Consejo Directivo de la Fundación Gustavo Aponte Rojas, entidad que brinda formación a niños y niñas en condiciones socioeconómicas vulnerables.
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