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Colombia
El último banco genético del caimán llanero agoniza de hambre en el Meta
El vacío administrativo ya cobró la vida documentada de al menos dos ejemplares adultos.
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Colprensa
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Domingo, 17 de Mayo de 2026

Cerca de 200 caimanes llaneros (Crocodylus intermedius), considerados por los investigadores que los criaron como el último banco genético viable para evitar la extinción de la especie endémica de la Orinoquía colombo-venezolana, permanecen hacinados y sin alimentación regular desde diciembre de 2025 en el Parque Agroecológico Merecure y la Universidad de los Llanos (Unillanos), en Villavicencio, tras el vencimiento de los convenios con la Estación de Biología Tropical Roberto Franco de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).

El vacío administrativo ya cobró la vida documentada de al menos dos ejemplares adultos, derivó en denuncias por canibalismo entre los animales y motivó la presentación de una acción de tutela por parte del documentalista Mauricio Salazar Rodríguez —conductor de la docuserie Reto Aventura Orinoquía, emitida por Discovery Channel y Max en alianza con The Nature Conservancy, Toyota y Warner Bros. Discovery—, que se espera sea fallada la próxima semana.


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"Mauro, los animales se están muriendo". Así fue la frase que recibió por teléfono hace algunas semanas el documentalista y líder del proyecto Coco Fundación RenHacer, llevaba ya tres años acompañando como voluntario al Programa Nacional para la Conservación del Caimán Llanero (Procaimán). Había estado en liberaciones, en jornadas de divulgación, en expediciones para el documental que prepara sobre la especie. Pero esa llamada lo descolocó.

"Quise entender por qué (para saber la gravedad del tema) y empecé a hablar con todos los actores", contó en entrevista para Colprensa. "Todos tenían una preocupación muy fuerte. A partir de ese punto no sentí sino la única opción de ir y viajar para verlo personalmente, poder entender lo que estaba pasando y hablar con propiedad. Todo lo que te voy a contar es porque lo vi. Eso es muy importante".

Llegó al departamento del Meta junto a un par de personas de su equipo. Lo primero que hizo fue ingresar a las instalaciones donde permanecen los reptiles. Lo que vio, dijo, "es la cosa más triste que hemos visto en años". Cocodrilos que pueden pesar hasta 500 kilos —el depredador más grande de América, según la Lista Roja de la UICN— estaban consumidos.

"Unos cocodrilos que pueden llegar a pesar 500 kilos están en los huesos", describió. Y precisó, con un detalle que sólo entiende quien conoce la anatomía del animal: "Uno le ve, por ejemplo, anatómicamente lo que corresponde como a las escápulas humanas, y la piel está forrando los huesos. Es muy impresionante".

Una tonelada de pollo que nadie quiso recibir

Tras documentar el estado de los animales, Salazar y su equipo gestionaron casi una tonelada de pollo en donación. Consultaron a veterinarios expertos en Crocodylus intermedius para diseñar un protocolo de realimentación seguro tras un ayuno prolongado —no se puede dar comida a voluntad porque el cuerpo, después de meses sin nutrirse, puede colapsar—. Con el protocolo en mano, se dirigieron a las autoridades.


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"Hablamos con los funcionarios. El rector de la Universidad de los Llanos, Charles Robin Arosa Carrera, dijo tajantemente que no, que no se podía alimentar a los animales", recordó.

A la Corporación para el Desarrollo Sostenible del Área de Manejo Especial La Macarena (Cormacarena), autoridad ambiental de la región, le radicó un oficio formal. "Les dijimos claramente: 'Vea, ya está la comida, nosotros estamos capacitados, tenemos el protocolo de alimentación, a sus entidades no les cuesta un peso, simplemente acompáñenos para hacerlo de la manera correcta con los permisos del caso y alimentar los animales'. Y no nos dieron los permisos. Al día de hoy, Cormacarena sigue siquiera sin responder el oficio".

El asesor de fauna silvestre de esa corporación, Jairo Rocha, no se ha pronunciado públicamente sobre el caso.

La tonelada de pollo, calculó, alcanzaba para 15 días con raciones controladas. "Normalmente se alimentan semanalmente, pero en casos como estos tocaba por lo menos una vez quincenal como máximo", explicó. Le devolvieron toda la donación. "Al nosotros recibir la negativa del permiso, lo único que nos quedó fue la vía legal, y ahí fue donde procedimos con la tutela".

Su lectura del fondo del asunto fue contundente: "Es un rollo burocrático brutal, donde todas las instituciones se están tirando la pelota y ninguna actúa por miedo a consecuencias jurídicas o por falta de voluntad. Hay partidas presupuestales que no se han usado ahí. No es un tema de incapacidad o de imposibilidad, sino de burocracia netamente". Y resumió la actitud cruzada de las entidades con un dicho llanero: "Ni rajan ni prestan el hacha".

El convenio vencido y el silencio del Ministerio

Para entender cómo se llegó a este punto, Salazar pidió ir hacia atrás. Procaimán nació formalmente en 1998 mediante un acuerdo entre el entonces Ministerio del Medio Ambiente y la Estación Roberto Franco, abierta en Villavicencio en 1936 y volcada a la conservación de reptiles desde 1966 bajo la dirección del herpetólogo letón Federico Medem.

La Resolución 0676 de 1997 declaró a la especie en peligro de extinción —la primera de Colombia con esa categoría jurídica— y la Resolución 411 de 1968, junto con el Decreto 1681 de 1978, prohibieron desde hace más de medio siglo su aprovechamiento, después de que entre 1928 y 1950 se exportaran millones de pieles que llevaron al cocodrilo del Orinoco al borde del aniquilamiento.

"La Nación nunca resuelve el tema de la financiación del programa. Nunca lo hacen todos estos años, casi 30 o 40 años, y la universidad decide hacerlo a título propio con recursos propios", relató Salazar.

Con los años, los cocodrilos se reprodujeron, las instalaciones de la Roberto Franco quedaron pequeñas y se firmaron entonces convenios con la Universidad de los Llanos y con el Parque Agroecológico Merecure, de carácter privado, para distribuir los animales.

Quedaron, según el inventario citado por investigadores a Mongabay Latam, 130 ejemplares en Roberto Franco, 180 en Merecure y 12 en Unillanos. Los acuerdos establecían que la UNAL asumiría alimentación, manejo veterinario y recolección de huevos.

En 2024 llegó una nueva decana a la Facultad de Ciencias de la UNAL, Lucy Gabriela Delgado Murcia. "Tiene una visión diferente, entonces dice: 'Esto no le corresponde a la universidad, esto no está en su objeto misional, la plata de la universidad no es para alimentar animales, es para educar personas'", contó Salazar.

"Siendo muy objetivo, eso es una visión que, si está desde su directiva, ella puede ejecutarla. Ella no está obligada a seguir con el programa. El caso es que deja vencer los convenios que había, sigue dando alimentación por unos meses y después la suspende de manera radical. ¿Cuál es el problema? Que deja vencer los convenios pero no recoge los animales, los deja tirados en esos dos lugares", agregó.

La decana, consultada por Mongabay Latam el 12 de mayo, sostuvo que la universidad cumple un papel de "apoyo técnico y científico" y no de operador del programa.

"Nuestra función no es alimentar caimanes, pero ahí los tenemos y éticamente tenemos que esperar hasta que la autoridad ambiental decida cuál es su destino final", afirmó.

Delgado negó las muertes de adultos —reconoció sólo la de un neonato por deficiencia de tiamina— y sostuvo que existen seis inventarios distintos sin coincidencia, así como traslados sin salvoconducto.

Por esos hechos, la Veeduría Disciplinaria de la UNAL abrió procesos internos contra los profesores que participaron en Procaimán, precisamente los mismos que durante años sostuvieron al programa y que ahora denunciaron el abandono.

Entre ellos, Germán Preciado, médico veterinario y profesional universitario de la Roberto Franco, le confirmó al mismo medio: "En diciembre fue la última vez que nos autorizaron, desde la dirección de la estación, a ir hasta Unillanos y Merecure a hacer la revisión de los animales y la alimentación. En 2026 no hemos ido porque no hemos sido autorizados".

Su colega Willington Martínez, experto en cocodrilos, agregó: "Dejé constancia de la negligencia por la pérdida de 1.260 huevos y manifesté mi preocupación por los animales sin alimento. Es un atentado contra esa especie que está en peligro crítico de extinción".

El veterinario Carlos Moreno Torres, exdirector del programa y también investigado, replicó: "En 15 días de trabajo se podrían capturar todos los cocodrilos. Eso no es justificación para dejar aguantando hambre durante meses a los cocodrilos".

El rector de Unillanos, Charles Robin Arosa Carrera, reelegido para el periodo 2025-2027, no se pronunció públicamente sobre la crisis. El Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible tampoco respondió a las consultas hechas por Mongabay.

"Ha brillado por su ausencia. No se pronuncia, entonces no hay una claridad jurídica de la situación", sostuvo Salazar.

El reloj biológico del hambre

¿Cuánto puede resistir sin comer un cocodrilo? Salazar pidió cautela: "Es una especie endémica, no es fácil asociarla con el comportamiento de otro cocodrilo de otro lado del mundo. Yo quiero ser responsable en eso".

Según explicó, en estado natural los caimanes llaneros pueden tolerar ayunos de dos o tres meses durante las grandes sequías de la Orinoquía, pero lo que está ocurriendo ahora supera cualquier precedente.

"Nunca en el mundo había pasado algo parecido y todo lo que está pasando es absolutamente desconocido. No hay referencias ni literatura de cómo pueden sobrevivir estos animales, de cómo lo han logrado, y las consecuencias pueden ser no reversibles cuando ya se reanude la alimentación", señaló.


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La literatura científica disponible —sobre otras especies de cocodrilos— ofrece pistas. Un estudio clásico de Stephen Garnett publicado en Journal of Zoology en 1986 sobre Crocodylus porosus estableció que los recién eclosionados mueren tras perder el 27,4% de su peso inicial y que durante el ayuno catabolizan principalmente grasa antes de atacar la masa muscular. La biología es implacable: una vez consumida la reserva, el cuerpo se devora a sí mismo.

Salazar lo describió así: "Cuando un organismo empieza a estar en esos ayunos tan prolongados entra en un proceso de catabolismo, que hace que se consuman sus propios músculos como única fuente de alimento, y eso hace que a su vez los sistemas del cuerpo empiecen a colapsar. Por ejemplo, el trabajo que tiene que hacer el riñón en un proceso de catabolismo es brutal. Ni siquiera se sabe en este momento qué va a pasar con esos animales así sobrevivan".

A eso se suma el problema genético, el corazón de la idea de "extinción funcional". Ana María Saldarriaga, investigadora asociada al Museo de Historia Natural de Nueva York y autora de los estudios de genética poblacional del programa, identificó dentro de los 500 cautivos a los individuos con mayor diversidad genética y diseñó las combinaciones reproductivas.

De ese trabajo salieron las liberaciones de 14 cocodrilos adultos en 2023 y 11 más en 2024 en el río Tomo. "Por fin se estaban viendo resultados tangibles", declaró a Mongabay. Si los 200 ejemplares hambrientos —seleccionados precisamente por su alta carga genética— mueren, se pierde el material reproductor que sostenía el repoblamiento.

La tutela y el cocodrilo

El 6 de mayo de 2026 Salazar radicó la acción de tutela contra el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), la Universidad de los Llanos (Unillanos), el Parque Agroecológico Merecure, la Agencia Nacional de Licencias Ambientales (ANLA), el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt y la Corporación para el Desarrollo Sostenible del Área de Manejo Especial La Macarena (Cormacarena).

Invocó el artículo 79 de la Constitución, la Ley 99 de 1993, la Ley 1774 de 2016 —que reconoce a los animales como seres sintientes—, el Convenio sobre la Diversidad Biológica y la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), un tratado firmado en 1973 al que Colombia adhirió en 1981 y que clasifica a las especies en tres apéndices según su grado de amenaza.

El caimán llanero está en el Apéndice I, el más estricto, reservado a las especies en mayor peligro de extinción, cuyo comercio internacional con fines comerciales está prohibido y sólo se permite, de manera excepcional, con permisos rigurosos para fines científicos o de conservación.

"La tutela busca tres cosas", enumeró el documentalista. "Primero, que los animales se vuelvan a alimentar. Segundo, que el juez determine a quién le corresponde el mantenimiento de cada animal para que no se pueda después eludir la responsabilidad. Y lo tercero, que una vez se determine la responsabilidad, se le haga seguimiento para que eso nunca vuelva a pasar".

Y aclaró: "A mí me vale a quién le determinen la responsabilidad. Lo que me interesa junto a mi equipo de trabajo es que los animales estén bien". El fallo se espera entre el 18 y el 22 de mayo.

Para Hernando García Martínez, director del Instituto Humboldt, el programa "es un trabajo ejemplar como programa de conservación y ya se ha logrado la liberación de varios individuos en la cuenca del Guaviare, en la cuenca del Orinoco, del Tomo", y la crisis administrativa no debe oscurecer dos décadas de resultados.

Mario Vargas Ramírez, exdirector de la Estación Roberto Franco entre 2019 y 2023, fue más crudo en sus declaraciones a Mongabay: "En el futuro a nadie le va a importar el problema que está pasando ahorita. Lo que van a decir es: '¿cómo fue posible que nadie hiciera nada para salvar esos cocodrilos?'".

A Salazar le quedó atravesada la paradoja: un país que el año pasado autorizó eutanasiar hipopótamos —especie invasora introducida por Pablo Escobar— mientras deja morir de hambre al cocodrilo nativo más emblemático de la Orinoquía.

"No me alcanza la cabeza para entender cómo dejan a esos animales seis meses sin comer. Eso no tiene sentido".

Comparó las imágenes del pasado, cuando grababa la docuserie con los animales sanos, con las que registró hace unas semanas: "Es desolador. Yo diría que es desolador ver a unos animales con una importancia ecológica tan seria para el país y para el mundo en un estado de esos. Uno entendería: no es que hay una sequía, pues bueno son unas condiciones naturales y la naturaleza es muy fuerte, claro. Pero quedando solo 300 animales en estado salvaje, que tengamos acá casi 300 animales o más en cautiverio y que los estemos dejando morir de hambre, eso no tiene justificación".

Cuando se le preguntó qué les diría a las entidades involucradas, respondió sin rodeos: "Que los cocodrilos no tienen la culpa. Eso es lo más importante de entender: que independientemente de las contiendas institucionales a ver quién tira la pelota, eso no debería afectar los animales. Nosotros tenemos que resolver nuestros problemas institucionales, no a costa de los animales".

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