Cada vez que Camila, de 5 años, se levanta de la cama y sus cobijas están secas celebra victoriosa porque según ella, ya es una niña grande y no se orina en la cama. Sin embargo, cuando el control de sus esfínteres le falla, se despierta con las sábanas húmedas y se siente bastante apenada.
Según el médico Jorge Eslava Cobos, la enuresis nocturna o enuresis del sueño, como suele llamársele a esta patología, es bastante normal y no es de cuidado en la primera infancia; entre el 15 y el 20 por ciento de los niños menores de 5 años lo presentan.
Sin embargo, cuando el niño sigue mojando la cama pasados los 6 años, las alarmas se encienden porque podría estar presentando un problema lumbar o del sistema urinario.
La herencia o genética es una de las causas más comunes de la enuresis; los niños tienen 44 por ciento de posibilidad de padecerla si alguno de los padres la sufrió, y de 77 por ciento si ambos sufrieron de esta patología. La enuresis es más frecuente en los varones.
Otras de las causas de las micciones involuntarias durante el sueño son: alteraciones en la hormona antidiurética, que se encarga de regular la producción de la orina en los riñones; vejigas pequeñas o sueños bastante profundos que impiden que el niño se despierte a orinar.
Con el tiempo, la enuresis empieza a afectar el núcleo familiar. A los padres porque están cansados de tener que cambiar las cobijas todos los días, tener que seguir gastando en pañales para sus hijos o tener que levantarse en la madrugada para llevar los niños al baño, y a los pequeños porque los afecta emocionalmente y, sobre todo, cuando sus semejantes o compañeros del jardín no mojan la cama y sus padres empiezan con las comparaciones.
Ponerles pañales a los niños para evitar que mojen la cama cuando tienen más de tres años es uno de los errores más frecuentes, ya que no se está contribuyendo a solucionar definitivamente el problema y se les sigue tratando como si fueran unos bebés.
La solución no está en regañarlos o castigarlos, sino en ayudarlos a superar este trastorno con la ayuda de especialistas. Para diagnosticar la enuresis, se debe tener en cuenta que las micciones sean iguales a las habituales, que ocurran involuntariamente durante el sueño y que se presenten durante más de cuatro veces al mes.
Para un diagnóstico correcto es esencial definir el patrón de incontinencia, hacer un análisis sanguíneo, un urocultivo, una exploración física y neurológica, una placa simple de abdomen y una ecografía para descartar mayores problemas. Determinar la causa permitirá un tratamiento más indicado.
En algunas ocasiones, la enuresis se relaciona con falta de madurez emocional, trastornos de personalidad, alteraciones del sueño, entre otros, por lo que puede convertirse en una alarma de que algo no anda bien en el niño.
Además, las situaciones de estrés también pueden provocar esta patología, especialmente, en situaciones como la separación de los padres, cambio de casa, abusos sexuales, fallecimiento de algún familiar, entre otras.
Las consecuencias emocionales de la enuresis del sueño varían según la edad. A los cinco años se presenta alteración de la conducta e insatisfacción. Cuando el niño tiene más de 8 años y sigue con esta patología despierta sentimientos de culpa, marginación frustración, ansiedad, aislamiento social, baja autoestima y estrés, por lo que es esencial iniciar un tratamiento de inmediato tras la valoración médica.
Combatiendo la enuresis
Aunque la mayoría de las veces los padres no acuden a un especialista cuando sus hijos tienen este trastorno, ya que la enuresis tiende a desaparecer a medida que el niño va creciendo, existen algunas pautas que ayudan a reducir su intensidad.
Reducir el consumo de líquidos antes de ir a la cama, sin regañarlo, para que no se sienta culpable y no genere daños emocionales, es clave para reducir las micciones.
Otros pediatras recomiendan la instalación de una alarma sonora en la habitación de los niños para que se despierten en determinadas horas para ir al baño.
Existen también dispositivos sonoros que se ponen en la muñeca y un sensor de humedad que se instala en la ropa interior, que suena cuando el niño orina y se moja, esto busca generar un reflejo condicionado que le permita despertarse para orinar en el baño y no en la cama.
Esta patología también se puede tratar con medicamentos como la desmoprexina, que disminuye el volumen del líquido; la imipramina y la oxibutinina que inhibe las contracciones vesicales y evita que la orina se evacue con frecuencia.
Los medicamentos disminuyen el problema durante su uso, pero pueden ocasionar efectos secundarios como náuseas, cefalea, vértigo, visión borrosa, sudación, taquicardía, temblores, entre otros, por lo que deben tener prescripción médica.
¿Cómo ayudar?
En primer lugar no oculte el problema. Explíquele lo que le está sucediendo no es su culpa, esto le generará confianza y seguridad.
Explíquele que la enuresis le puede pasar a cualquier niño, incluso, algunos de sus compañeros de escuela también pueden estar pasando por esta misma situación y no debe sentirse culpable por eso.
No castigue ni regañe ni se burle del niño por su condición, por el contrario cuéntele que mojar la cama durante el sueño tiene una solución y él es parte de la solución, ya que la efectividad del tratamiento depende de su colaboración.
Cuéntele al niño si otro familiar presentó esta misma patología y cómo hizo para superarla.
Elogie al niño cada vez que despierte seco o se levante en la madrugada a orinar. Demuéstrele que sus esfuerzos son grandes logros.
La Opinión
