En medio de los paisajes del Catatumbo se hizo poeta. El drama de decenas de personas víctimas de la guerra tocaron su esencia y las experiencias familiares la impulsaron a desahogarse con finos versos.
Ella, Ibeth Karina Díaz Perea, de 21 años, nació en la vereda Honduras del corregimiento Las Mercedes (Convención) y creció viendo el dolor de sus paisanos por la desaparición de sus parientes.
Esos hechos hicieron que brotara la vena artística y dijo: “tengo que salir, si me quedó en el pasado ahí viviré toda la vida”.
Hace tres años empezó a escribir y sus primeros ejercicios fueron de descripción del entorno. “Mi familia es desplazada y en la literatura encontré un medio para expresar lo que significa este drama”.
Díaz estudió el bachillerato en el colegio Jorge Eliécer Gaitán del municipio González, en el sur de Cesar, municipio cercano a la finca familiar.
La escritura la alterna con labores campesinas, como recolección de café, siembra de hortalizas y además, prepara los alimentos de los obreros.
El sueño de la joven es estudiar literatura para adquirir herramientas que le permitan llevar su pasión a otro nivel.
Durante varios meses estuvo trabajando en un libro de poemas titulado ‘A blanco y negro’, el cual acaba de publicar, editado por ella misma con un préstamo que hizo por 1,2 millones de pesos.
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La caratula tiene la imagen de una mujer con mirada triste sobre un ajedrez, pintura hecha por ella misma y que significa lo que se debe pensar antes de actuar.
Una de sus reflexiones habla sobre la fecha de vencimiento de las cosas y dice: “odiamos a nuestros defectos y ellos aman quedarse más tiempo, enseñamos a la alegría a no tener tristeza y a la historia a no tener final”. “Tomamos lo que nos alcanza y asustamos lo que nos asusta, insistimos en derribar el muro, aunque detrás de él haya otros que quieran vivir encerrados”.
La musa de la inspiración de Díaz no solo ha sido los recuerdos tristes que viven en su mente, sino historias curiosas de vivencias familiares.
“De niña miraba las estrellas y me atrevía a contarlas a pesar de las advertencias de mis padres de que si ubicaba a la mía podía morir. Me gusta la astrología, los planetas, los misterios, la naturaleza y los seres vivos”.
La profesora Nancy María Vanegas me enseñó las primeras letras y descubrió el potencial a las artes.
Uno de sus poemas favoritos se titula causa y efecto. “Después de todo, sigo aquí, en este maldito espacio. Buscando un faro que guíe a dos barcos en vez de uno, que nos grite que el agua es fría, pero también es libre. Que encienda el fuego y que nos diga que nos esperará cerca de la orilla. Después de todo sigo aquí, buscándote a ti”.

Parientes y amigos la acompañaron en un conversatorio al aire libre que se cumplió como parte de la presentación oficial del libro.
