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Memorias
‘No se qué hice para alcanzar 103 años’
Camina aferrado a un bastón que tiene la opción de no caerse y origina luz en la oscuridad cuando se le activa un botoncito. Ese es su ‘juguete’ preferido del que se desprende solo cuando se sienta en el suelo a pegar ladrillos o baldosas.
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Viernes, 27 de Febrero de 2015

Camina aferrado a un bastón que tiene la opción de no caerse y origina luz en la oscuridad cuando se le activa un botoncito. Ese es su ‘juguete’ preferido del que se desprende solo cuando se sienta en el suelo a pegar ladrillos o baldosas.

Luis Alfonso Bautista Montañez  cumplió 103 años el martes 24 de febrero y aún no se lo cree. Su larga familia, que consta de  9 hijos, 26 nietos  y 35 bisnietos le mandó a oficiar una misa en la capilla del barrio Bellavista y le repartió  torta en su casa.

Sus  recuerdos afloran y lo trasladan a Chitagá, donde nació en 1913 y estudió sus primeros años en la escuela primaria.  A los 14 años quedó huérfano de padre y su tutor, el tío Sanclemente, lo interna en el seminario  conciliar de Santo Tomás de Aquino  de Pamplona regentado por  los padres Eudistas franceses.  Allí conoció al padre García Herreros. Sin embargo, no quiso continuar el camino del sacerdocio y opta por pagar el año de servicio militar en el Batallón García Rovira y en comisión viajó a distintos municipios nortesantandereanos como Labateca, Toledo y Málaga, Santander.

Regresa muy altivo a su natal Chitagá en donde se desempeña como Personero Municipal, primero y luego profesor del Internado Agrícola. Siendo profesor de idiomas conoce a la que más tarde convirtió en su esposa: Evelia Guerrero, con quien duró tres años de novio y  cumplió 75 años de matrimonio.  Lo trasladan por un año al colegio de Iscalá en Chinácota. Al regresar a Chitagá impulsa el deporte en los colegios y habilita  un terreno baldío en cancha de fútbol.

En 1948  fundó un teatro que primero bautizó ‘Rojas Pinilla’ y después del golpe de Estado le quitó el nombre y lo dejó simplemente Teatro Chitagá, porque se considera uno de los pocos liberales sobrevivientes. “Ese tema mejor no me lo toquen”, dice a carcajada.  La violencia se ensañó también con ese frío municipio y el telón tuvo que bajar ante los permanentes toques de queda  y antes de partir a Cúcuta dedicó un buen tiempo a la finca en donde tuvo vacas y crió gallinas.

A pesar de ser un radical liberal nunca aceptó ser alcalde de su pueblo “porque no quería  tener enemigos”.

Las fechas no las tiene muy claras, pero asegura que en 1958 llegó a trabajar en la Registraduría como fotógrafo y fue ascendiendo hasta convertirse en Delegado Departamental de la Registraduría. En 1961 recibió la notificación de pensionado, pero como se sentía con muchos bríos en su casa montó tienda, vendió minutos y ha visto reproducir a sus 9 hijos: Belisario (fallecido), Germán de 72 años, Luis, Mariana, Martha, Héctor, Alfonso, Rafael y Ramiro de 48 años. Su nieto mayor es Víctor Bautista Olarte de 45 años y su bisnieta menor es Susana Bautista Chávez de cinco meses. Su edad si está confirmada en la cédula amarilla con hologramas porque   las primeras las tenía guardadas como un tesoro en un cofre que se cargaron los ladrones  la vez que se metieron en su casa. Luis Alfonso Bautista Montañez es alegre, ve los partidos de fútbol por televisión, le gusta bailar bambucos, pasillos, porque la música de ahora “es toda rara”. No ha podido descifrar  cuál es  el elixir que le  ha permitido pasar la raya del s
iglo. Pudo ser la tranquilidad o su manera pacífica de vivir la vida, aunque su esposa Evelia  de 94 años lo codeé mientras hace tal afirmación y remata diciendo: “es que uno nunca piensa que va a durar tanto”.
 

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