Camina con soltura y da pasos firmes que contrastan con el tono pausado de su hablar. Su experiencia y finas letras lo hacen uno de los escritores colombianos que más lectores ha ganado en los últimos años.
Tomás González es de esos hombres que expresan con sencillez lo que piensan y no se enreda con palabras para adornar lo que dice. A sus 64 años ha escrito seis novelas, dos cuentos y un poemario. Próximamente su novela ‘La luz difícil’ será traducida al holandés y al coreano y ‘Primero estaba el mar’ al inglés.
Para escribir prefiere la intimidad y afirma que no admite que los lectores se asomen por la espalda. Tomás actualmente vive en una finca en Cachipay, a dos horas de Bogotá. Allí tiene su escritorio incrustado en medio de un enorme ventanal, desde donde observa la vegetación y se relaja con el sonido de los pájaros.
¿Cómo define su infancia?
Una época alucinada. Es el momento de la vida con el que más intensidad se vive.
¿Los recuerdos más intensos?
Todos los que tienen que ver con el campo, la lectura y la relación con los libros.
¿Influyó la naturaleza en el deseo de ser escritor?
Lo hizo en la temática de lo que he escrito. La naturaleza siempre aparece en mis obras, hay situaciones con mucha presencia del mar, del verde que tiñe montañas. En la juventud pasaba largo tiempo en la costa y eso queda tatuado en la mente.
¿Su luz difícil?
Mantener la alegría en un mundo en el que hay tanto dolor.
¿El amor lejano?
En algún momento todos son muy lejanos.
¿Que significó ese libro?
Con ‘El lejano amor de los extraños’ me di cuenta que más o menos había aprendido a escribir cuentos… me tomó muchos años hacerlo. Un libro de aprendizaje, lo escribí, borré, reescribí y volví a rehacer.
¿Lo más temporal?
La alegría, dura poquito.
¿El reto de esta novela?
En ‘Temporal’ los protagonistas tratan de vencer el odio y de vivir el odio que sienten por una tragedia. Ideal para relacionar con la realidad.
