Con la mirada fija en el punto exacto donde le arrebataron la vida, y sumidos en el dolor, la confusión y la resignación, los familiares de Elkin Danilo Moncada Rodríguez pasaron la mañana de ayer sentados frente a sus casas, tratando de asimilar el crimen que apagó, de forma injusta, la vida del hombre de 35 años.
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Mientras tanto, a sus espaldas, en la vivienda que él mismo levantó desde los cimientos, su esposa, en estado de embarazo, trataba de lidiar con lo ocurrido la noche del martes, 24 de marzo, en el barrio Antonia Santos. En todos ronda una misma pregunta: ¿por qué?
Ni sus familiares ni las autoridades tienen una respuesta clara. Mientras el comandante encargado de la Policía Metropolitana de Cúcuta aseguró en rueda de prensa que el homicidio estaría relacionado con una guerra entre bandas criminales en la Comuna 8, la familia niega rotundamente que Danilo tuviera algún vínculo con el mundo delincuencial.
Esta versión es respaldada por los vecinos de Antonia Santos, quienes lo vieron crecer, pues vivió allí desde los cinco años. Ya en su vida adulta, decidió mudarse a Venezuela en busca de mejores oportunidades, donde conoció al amor de su vida.
Se trata de una joven oriunda de Barinas, con quien sostuvo una relación de más de 13 años. Durante ese tiempo, Danilo asumió el rol de padre de un hijo de ella, quien lo reconoce como el único papá que ha tenido.
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A pesar de no compartir lazos de sangre, trabajó para brindarle una buena vida y formarlo como un hombre de bien. En Venezuela se dedicó a la venta de sandalias y calzado, pero hace ocho años, debido a la crisis de ese país y tras haber tenido un hijo en común, decidió regresar a su tierra natal, donde fue recibido con los brazos abiertos.
En Antonia Santos tenía toda su vida, especialmente en la avenida 53, entre calles 14 y 15, donde gran parte de su familia los Moncada y los Rodríguez han echado raíces.
En un lote familiar le cedieron espacio para construir su casa. Fue necesario derribar lo poco que había y empezar desde cero. Con la ayuda de sus hermanos y sus conocimientos en construcción, logró levantar una vivienda que hoy queda llena de recuerdos.
Allí trabajó como obrero para sostener a su familia y, cuando alcanzaron cierta estabilidad, decidieron tener otro hijo. Esta vez sería una niña, que nunca podrá conocer a su padre.
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Frente a su casa
La vida de Danilo fue truncada de forma sorpresiva y violenta. Según su familia, también de manera injusta. La noche del martes, en la misma calle donde vive la mayoría de sus seres queridos, había salido de visitar a uno de ellos y, cuando regresaba a su casa, se encontró con la muerte.
Dos hombres a bordo de una motocicleta lo interceptaron pasadas las ocho de la noche y le dispararon en repetidas ocasiones. Sus familiares lo trasladaron de inmediato al Policlínico de Atalaya, pero minutos después recibieron la peor noticia.
Danilo murió en la sala de urgencias debido a la gravedad de las heridas. Mientras tanto, investigadores llegaron al lugar de los hechos para realizar la inspección técnica del segundo homicidio registrado en este sector en menos de 24 horas.
La familia descarta que este crimen esté relacionado con disputas entre bandas y asegura que no tenía amenazas, deudas ni problemas conocidos.
Por el contrario, tanto sus allegados como los vecinos lo describen como una excelente persona: un padre dedicado, buen hijo, hermano y tío, siempre dispuesto a ayudar. Por eso, su partida dejó un vacío inmenso en Antonia Santos.
“Anoche mataron a un inocente. A cualquiera que usted le pregunte solo le dirá cosas buenas de él”, expresó su familia.
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