Los sueños de la jugadora colombo-venezolana Thelma Sofía Montaño Viveros cambiaron de un momento a otro. Su vida pasó de estar en las canchas de fútbol a las visitas en las clínicas y hospitales.
La defensora de 22 años juega ahora el que será el partido más importante: salvar su vida tras ser diagnosticada hace algunos años con lupus eritematoso sistémico, una agresiva enfermedad en la que el sistema inmunitario del paciente ataca a diferentes órganos y tejidos, afectando a la piel, las articulaciones, los riñones, los pulmones o el sistema nervioso, provocando daños e inflamación.
Una dramática situación a la que se enfrenta desde 2014, cuando se topó con una dura realidad que le cambió el sueño de ser una gran profesional. “Inicialmente me dijeron que estaba sufriendo de una artritis, pero con otras valoraciones los médicos en Venezuela confirmaron que era lupus. No sabía qué era la enfermedad”, comenta Thelma.
A sus 17 años, la prometedora defensa recibió una de las peores noticias. “Los galenos me dijeron que no podía seguir jugando al fútbol”. Así de claras fueron las palabras de los especialistas que le recomendaron a la niña soñadora dejar la actividad futbolística porque su cuerpo, con el paso del tiempo, no iba a soportar todo es el esfuerzo físico que depara ser jugadora profesional.
“Duré dos meses en un hospital de Venezuela, ya tenía problemas en un riñón, los pulmones, el corazón y las coyunturas de mi cuerpo. Estuve muy mal, muy hinchada porque había retenido mucho líquido y como no estaba tomando medicamentos, la enfermedad había avanzado bastante”, confiesa.
Thelma no lograba entender cómo a su corta edad y con una carrera promisoria, en un abrir y cerrar de ojos le había tocado cambiar los guayos y balones por agujas y medicamentos.
Para 2015 y con una mejor estabilidad en su estado de salud que le brindaba el tratamiento médico en suelo venezolano, la futbolista patriota no renunciaba a su sueño de jugar a nivel profesional. Ya había tenido la fortuna de vestir la camiseta de la selección de su país a nivel juvenil y por culpa de la enfermedad se perdió representar a la ‘Vinotinto’ en el Mundial Sub-17, una de sus mayores frustraciones.
“Yo comencé a prepararme para jugar la liga profesional en mi país; sin embargo, en 2017 apareció la posibilidad de jugar en Colombia cuando se lanzó la liga de acá. Me comuniqué con la gente de América, vine a probar y me quedé en el equipo que disputó la primera edición del torneo. No informé en su momento de mi enfermedad, me daba miedo que me fueran a rechazar porque lo único que quería era jugar”, agregó.
Estando con el equipo confesó la situación médica y de forma grata recibió el respaldo de sus compañeras. “Tengo que agradecer que a pesar de mis problemas médicos, el América me cumplió con todo lo de mi contrato”.
Tras desvincularse del elenco americano, Thelma se regresó a su tierra natal, Táchira, para intentar seguir su carrera deportiva en la naciente liga venezolana. Pero ella misma sabía que pesaba más la carga de su dura enfermedad, una cruz que lleva a cuesta desde entonces y que truncó el deseo.
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