¿Por qué al gobierno le cuesta tanto ser claro en sus mensajes? Ya no es el proceso de paz, el desconocido por los colombianos por razón de que, durante el tiempo de negociación, muchos, demasiados, quizás, han sido los mensajes que el gobierno ha lanzado, y muy pocos, tal vez ninguno, el comprendido a cabalidad.
Ahora es una ‘recomendación especial’ con la cual el viceministro de Salud, Fernando Ruiz Gómez, pide a las parejas que vivan en Colombia en zonas a menos de 2.200 metros de altura, no embarazarse antes de julio de 2016, por razón del riesgo de que niños de mujeres infectadas con zika nazcan con malformaciones congénitas y alteraciones neurológicas.
Con base en la recomendación de Ruiz se puede pensar que hasta el 30 de junio las mujeres deben evitar el embarazo, pero al otro día, el 1 de julio, no; pero ¿por qué, esa noche desaparece para siempre el zika? ¿No habrá más infectados, así el último día de junio haya medio país en cama por razón de esta epidemia transmitida por el Ædes ægipty, un viejo conocido de todos los colombianos?
Una sola mujer que, confiada en el viceministro, se embarace al comenzar julio y contraiga el zika, estaría enfrentando el riesgo que se quiere evitar, y un solo niño malformado, por la misma razón, será demasiado para la sociedad.
Por qué un día no pero el siguiente sí es apto para un embarazo es parte de una información confusa, equívoca, imprecisa y, da la impresión, suministrada como por salir del paso. Y eso es una irresponsabilidad muy grave, aunque no lo parezca. Hay precisiones que se evitan, y que se necesitan de manera inmediata, a fin de que las mujeres no corran riesgos innecesarios por razón de un mensaje mal elaborado y peor difundido.
La conclusión de que —según análisis de cuya seriedad se puede dudar—, en julio comience a bajar la incidencia de la enfermedad, no significa que el riesgo habrá desaparecido. De hecho, enfermedades muy parecidas, como el dengue y la malaria, son endémicas en las mismas zonas donde causa estragos el zika. Esto significa que la enfermedad puede no desaparecer ni en julio ni nunca.
En el Ministerio de Salud parecen estar convencidos de que, en materia de embarazos, las mujeres colombianas, todas, tienen la suficiente ilustración sobre lo que se puede hacer para prevenir y evitar los embarazos.
Pero, para desengañar a los burócratas, la realidad no es como creen. Las estadísticas muestran que los embarazos precoces, por ejemplo, son una especie de epidemia. Las niñas no tienen la menor idea de qué hacer para satisfacer el llamado de sus hormonas sin quedar embarazadas.
En los sectores populares, muchas mujeres tampoco saben qué hacer para evitar un embarazo tras otro. Y, si lo saben, no disponen de recursos para aplicar los mecanismos protectores necesarios.
Una cosa es la Colombia del centronorte de Bogotá, donde todo parece estar a pedir de boca de los altos funcionarios del gobierno, y otra, muy distinta y muy dolorosa, es la Colombia de los barrios de invasión de Cúcuta, donde la gente no tiene dinero para desayunar, mucho menos para comprar anticonceptivos. Y es en estos sectores populares donde el zika y otros virus establecen su reino.
¿Va a haber distribución masiva de condones y de pastillas anticonceptivas o campañas de esterilización, como para garantizar que además de los problemas de su desarrollo normal el zika no producirá otros en los bebés?
Y ¿cuál será la respuesta del Estado en el eventual caso de que las madres, en busca de evitarse problemas con los fetos, buscan clínicas y puestos de salud para abortar? ¿Existen los recursos para garantizarles a todas una respuesta que sin duda es costosa?
No queda duda: en casos como este, o el del chikugunya, siempre resulta más barata la prevención. Pero es lo que no se hace.
