Creemos que una actitud como la que tememos no se compadece para nada con el discurso de la aerolínea de trabajar para “Fortalecer la presencia estatal, el servicio social y el desarrollo económico a la comunidad a través del transporte aéreo a las regiones estratégicas”.
Es posible que en el Ministerio de Defensa sea diferente el criterio de lo que significa integrar y que Satena, su aerolínea, tenga una interpretación particular y restringida de vincular regiones al país.
El hecho concreto es que, por lo anterior, los cucuteños no los entendemos ni ellos nos entienden. Y, tal vez, esos desentendimientos nos pueden alejar tanto, que otra vez Satena les fallará a algunas regiones, de las más necesitadas, por los recortes en la actividad diaria como aerolínea.
El problema no es, como parece, de simple semántica, sino de comprensión de la realidad, de una realidad que, no es extraño, nadie en el alto gobierno tiene conocimiento preciso, o si lo tiene, ni le inquieta ni le interesa.
La realidad es que la frontera oriental ha sido siempre una zona de simple referencia que les permite a los burócratas, principalmente, recitar sin equivocarse, nombres de accidentes geográficos y poblados que nunca han visitado ni visitarán.
Quizás no haya un solo funcionario que desconozca el estrambótico nombre de la Carretera de la Soberanía, pero tal vez también sea cierto que ninguno sepa que significado tienen, para los indios u’wa, por ejemplo, La Tunebia y El Sarare.
Es fácil imaginar a esos funcionarios hablando de cómo es posible ir desde Cúcuta hasta Arauca por esa carretera. Cualquier mapa lo enseña. Solo que nadie sabe que para un viaje así hay que invertir un día, quizás más, porque el trazado de 420 kilómetros es, en verdad, un camino hacia la muerte y el infierno.
Hasta hace pocos meses, era posible, ¡vergüenza de vergüenzas!, hacer el mismo viaje por Venezuela, en un poco más de cuatro horas. Solo que ya ni es ni será posible nuevamente: el cierre de la frontera ha cambiado muchas cosas.
En este contexto, hay que decirle a Satena que coincidimos en el enunciado de su misión como empresa del Estado: “Prestar el servicio de transporte aéreo de pasajeros, correo y carga integrando las regiones del país…”, pero no encontramos explicación de por qué quiere abandonarnos, cuando más necesitamos integrarnos a Colombia.
Es de lo que se habla: Satena se va de Cúcuta otra vez, porque al parecer no es negocio volar hacia y desde esta ciudad a Arauca o a Bucaramanga, cuando el vocero de la empresa dice que ignora las razones por las cuales la empresa usa mecanismos como el de no admitir reservaciones para dentro de dos meses, que se acostumbran cuando se quieren cerrar rutas.
Ahora, cuando más ayuda necesitamos, no solo en Cúcuta, sino en toda la región de frontera, nos dejan solos, a nuestra suerte, como ha sido la historia. Al menos esa parece la intención.
Creemos que una actitud como la que tememos no se compadece para nada con el discurso de la aerolínea de trabajar para “Fortalecer la presencia estatal, el servicio social y el desarrollo económico a la comunidad a través del transporte aéreo a las regiones estratégicas”.
Si la frontera oriental no es una zona del más alto valor estratégico, por las razones que Satena, como empresa militar conoce como nadie, entonces, hay que admitirlo, no sabemos de qué hablan cuando se refieren de “regiones estratégicas”.
¿Es que, acaso, no nos dimos cuenta, y ya dejó de ser cierto aquello de que “Satena es la única aerolínea estatal que tiene la obligación de hacer presencia en aquellas regiones donde por cuestiones geográficas, de orden público y de pobreza, no llega ningún otro operador y es aquí donde precisamente se refleja el Estado en desarrollo y cumplimiento de sus fines y objetivos, cumple una labor de vital importancia en la generación de desarrollo económico y social de las regiones atendidas, integrándolas con los principales centros económicos del país”?
De las cosa que uno no se entera cuando no está integrado a su país…
