Controles al espacio público en Cúcuta. Cuando se leen estos titulares que son producto de anuncios de esa naturaleza, quien los recibe queda lleno de dudas después de haber leído y escuchado varias veces, noticias y anuncios similares con resultados poco alentadores.
Se vuelven lugares comunes porque se transforman en determinaciones sin rumbo que a la postre quedan ahí como un simple factor mediático sin ninguna solución adecuada tanto en materia de recuperación del espacio público como para quienes se ven obligados a trabajar en las calles.
Para esta oportunidad se pusieron en marcha controles en un polígono de 20 cuadras del centro de la capital de Norte de Santander, que muestran una mayor y creciente concentración de vendedores ambulantes –cuestión ya conocida de cada año- durante la temporada navideña.
Teniendo presente estas operaciones para procurar organizar, evitar desorden y facilitar un poco la situación en el corazón de la ciudad en materia de movilidad peatonal y vehicular, lo obvio es que un programa cruzado transversalmente por la delicada realidad socio-económica cucuteña debe de ser activado.
Hay que hacer algo que deje de lado todo lo que se ha intentado puesto que los resultados a la vista indican que hubo fallas, flaquezas o tal vez lo decidido dejó por fuera hechos generadores de crisis como el desempleo, subempleo, pobreza, miseria y desigualdad.
Dichos aspectos deben ser considerados no solamente como simples datos estadísticos al momento de la presentación y argumentación del complicado asunto de las ventas ambulantes que pareciera no tener techo puesto que crece de manera constante.
Lógicamente es urgente que en coordinación con el Gobierno Nacional la administración municipal y el área metropolitana, desarrollen una política estructurada en ese frente que necesariamente tiene que pasar por el impulso a la industrialización de la región y la atracción de la inversión nacional y extranjera que ayuden a la generación de empleo de calidad y sostenible en el tiempo, porque todo esto que vemos, es solamente informalidad.
La vigorización del tejido empresarial es una de las maneras concretas para ir desactivando y quitándole fuerza al acuciante problema que también requeriría un fortalecido plan de emprendimiento para cubrir a otra parte de quienes en las ventas ambulantes encuentran la manera de conseguir el sustento familiar.
Se ha visto, igualmente, que hay jóvenes laborando en las calles porque no tienen oportunidades ni de empleo ni de estudio, quedando sujetos a dicho esquema de rebusque.
La otra manera concreta es entrar a obligar a algunos propietarios o administradores de locales comerciales que en áreas del centro cucuteño que utilizan el andén o la calle como extensión de sus establecimientos, convirtiéndose en parte del problema.
Lograr una reducción sustancial de esta ocupación con políticas que lleven a quienes salgan de la calle a obtener una mejor calidad de vida con herramientas que les permitan o tener empleo u una oportunidad de montar su propio negocio con los recursos necesarios para despegar, implica la solución adecuada.
Las estrategias mencionadas, más lo establecido en la Ley 1988 del 2 de agosto de 2019 sobre vendedores informales, tienen que llevarse a cabo de una manera estructurada y ligada necesariamente a conjurar la serie de dificultades que ha debido soportar su economía para hacerla que crezca y a la vez absorba mano de obra y cree posibilidades de desarrollo sostenible para miles de personas en esta región, atada a reactivación fronteriza.
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