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Editorial
Seguridad y estrategia
Esto es trascendental hoy más que nunca, ante el posible escenario de la firma de la paz con las Farc.
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Domingo, 10 de Enero de 2016

A pesar de los logros en seguridad que se alcanzaron en el 2015, este año los retos en esta materia son un verdadero desafío para las autoridades, tanto por la seguridad urbana, como por la dinámica de reorganización que se vive en el Catatumbo tras la muerte de Megateo y lo que se viene para esa zona cuando se firme la paz con las Farc.

La radiografía de los jefes de bandas criminales que fueron detenidos el año que terminó, sienta un precedente positivo, pero enciende las alarmas sobre la rapidez con que estos cabecillas se reproducen para hacerse al control de zonas en las que se mueve todo un mundo ilegal de microtráfico, prostitución, robos y crimen.

Si bien la estrategia de la policía metropolitana para hacer frente a esta dinámica, ha dado un resultado positivo pues ha permitido identificar al comandante de turno para posteriormente capturarlo, su inteligencia ha puesto en evidencia una macabra dinámica utilizada por las bandas criminales para cometer crímenes.

Según el coronel Jaime Barrera, comandante de la Policía Metropolitana de Cúcuta, una de las nuevas estrategias de estas organizaciones criminales consiste en pagarles un salario mensual de 1’400.000 pesos a sus sicarios, sin importar el número de crímenes que cometa durante el mes. Esto refleja una transformación en la estrategia criminal de estos grupos, que han encontrado en los jóvenes–quienes se dejan seducir por el dinero, ante la falta de oportunidades de estudio o empleo– una oportunidad para reclutarlos.

Así las cosas, al reto de combatir sin tregua las fuentes de las cuales se nutren esos grupos criminales, es decir, contrabando, gasolina y microtráfico, con mayores recursos tecnológicos, con mayor capacidad investigativa y mejor articulación entre las instituciones para fortalecer los procesos en contra de los miembros de estas bandas, se suma la compleja tarea de estructurar una política articulada entre la Policía y las autoridades locales y departamentales que permita evitar que los jóvenes sigan encontrando en el crimen la opción más viable para sobrevivir.

Esto implica un replanteamiento de los valores que se están inculcando en estos menores tanto en el hogar como en los centros educativos, y desarrollar un plan agresivo para los mismos, especialmente los que residen en zonas marginales, para garantizarles oportunidades, estudio o empleo, que permita alejarlos de la ilegalidad.

El otro gran reto, no solo de las fuerzas de seguridad del departamento sino de todo el Gobierno Nacional, tiene que ver con el Catatumbo. La carta de Otoniel (máximo líder de los Úsuga en el país) encomendándole a un subalterno suyo trasladarse hasta esta región con el fin de copar los espacios dejados por la guerrilla del Epl tras la muerte de Megateo para hacerse al control de una de las áreas con más presencia de cultivos ilícitos en Colombia, es apenas una muestra del gran reto que se tiene para evitar que el poder pase de unas manos criminales a otras.

Esto es trascendental hoy más que nunca, ante el posible escenario de la firma de la paz con las Farc, quienes dejarían las armas y liberarían zonas estratégicas del territorio. Evitar a toda costa su ocupación por parte de otra franquicia criminal, el control de las rutas de la droga  y la intimidación de la población es una obligación. Es, sin duda, el mayor reto al que se han enfrentado en las últimas décadas.

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