Si nuestra sociedad fuera un sándwich, sería uno muy curioso, con una tapa del pan tan gruesa como el relleno y la otra muy delgada, casi transparente.
Es así ahora, luego de conocer, por informes del Gobierno, que por razones como la educación, la vivienda y el empleo, hoy, y por primera vez en la historia, hay más personas de clase media que pobres, según estudios del Dane.
En un examen de las acciones de su gobierno contra la pobreza, el presidente Juan Manuel Santos dijo que la clase media consolidada —no hay riesgo alguno de que millones de personas que llegaron a ella regresen a las condiciones de pobreza— la integra 30,5 por ciento de la población, frente a 28.2 por ciento de pobres.
El hecho de que la clase alta haya también crecido, de 2,4 por ciento en 2011 a 2,8 por ciento el año pasado, solo confirma que se trata de una capa social bastante liviana y excluyente. Mientras a la clase media llegan los pobres por varios cientos de miles, solo cientos parecen ascender a la más alta clase social.
Hay movilidad social en Colombia, no hay duda, pero las dinámicas entre unas capas y otras son disímiles: según los resultados de las políticas oficiales, el índice de ascenso de las clases más pobres o más vulnerables al segmento superior parece estar afectado por grandes riesgos de volver a caer.
De acuerdo con el Gobierno, 4,4 millones de colombianos han dejado de ser pobres y se suman a 3,8 millones de colombianos que pertenecen a una clase media consolidada.
Para el éxito, parecen haber sido claves programas de vivienda, como el subsidio a la tasa de interés; de educación, como ‘Ser pilo paga’ en sus dos versiones, y de empleo, como la Ley de Formalización y de Primer Empleo.
Los expertos consideran que las clases medias son el indicativo del bienestar de un país, lo que llevaría a pensar que Colombia es un ejemplo clásico de la clasificación, salvo que la nuestra es una clase media económicamente débil, con tendencia a empobrecer, así el gobierno no esté de acuerdo con la afirmación.
“Una política social exitosa —dijo Santos— no solo contribuye a sacar gente de la pobreza, sino a consolidar la clase media”, y en ello tiene la razón. Pero quizás el concepto deba ser ajustado diciendo que esa clase media no solo se debe consolidar, sino moverse hacia arriba, no hacia abajo, como le ocurre a la llamada clase media emergente, es decir, a esos millones de colombianos que viven del trabajo informal —como en Cúcuta—, cuyos ingresos son tan variables que pueden de un mes a otro, llevar a una familia de una clase social a otra, sin mayores sobresaltos.
Al referirse a la clase media, se trata de familias que reciben ingresos de 3 millones de pesos para cuatro personas, y la verdad, no se cuentan por millón es las familias con tales ingresos, en este país de salarios mínimos. Por el contrario, hay un 37,6 por ciento de colombianos vulnerables, que han superado la pobreza, pero aún tienen el riesgo de volver a caer en ella. Sus ingresos están sobre línea de pobreza, pero sus condiciones de vida no se han afianzado suficientemente.
Esto hace que la clase media sea, en realidad, varias clases medias, distanciadas con claridad por sus ingresos: una clase media baja que tiene ingresos de 3 millones de pesos, pero carece de vivienda propia, no es lo mismo que una clase media que, además de tener lo suficiente para vivir con comodidad, tiene medios de producción y capacidad de ahorro.
Pero, desde luego, estamos de acuerdo con que el país ha cambiado en pocos años y ha democratizado un poco más su economía, pese a que el gobierno considere que las clases altas se siguen enriqueciendo a una velocidad menor que las bajas.
Tal vez sea así, pero una cosa no es lo mismo que la otra, por simple cuestión de dinero. Nada más que dinero.
