Habitantes de los sectores de Boconó y de muchos conjuntos cerrados situados en el Anillo Vial Oriental y usuarios de esa vía están muy inquietos por la serie de hechos que se han registrado con el robo de camionetas de alta gama que terminan siendo pasadas por las trochas hacia territorio venezolano.
Pero la gota que rebozó la copa y que provocó muchísima más preocupación, fue el cinematográfico robo de una camioneta blindada que era conducida por un agente de la Policía quien hacía parte del esquema de seguridad de un representante a la Cámara de la Región.
Como se vio en los videos que se difundieron por redes sociales, los asaltantes le llegaron al agente que estaba de civil mientras hacía una diligencia, lo intimidaron con armas de fuego y le quitaron las llaves del vehículo y lo asesinaron.
Esto es muy grave. No hay derecho a que esto ocurra y que ni siquiera se haya dispuesto un patrullaje por esos sectores de la ciudad, que ya ni siquiera son despoblados, disparando la sensación de inseguridad.
Muchas preguntas quedan en el ambiente. Es algo sorprendente que las autoridades digan que robar camionetas, de alta gama, se ha convertido en un lucrativo negocio, tanto para el comercio de repuestos usados como para el uso por parte de grupos armados ilegales, entre estos, el Eln, que estarían en territorio venezolano.
Y si eso ocurre, dónde están las acciones para contener operaciones delincuenciales de tan peligrosa connotación, cuando la vida de las personas está siendo arrancada por los autores de esta clase de hurtos tan especializados, que implican la ocurrencia de varios delitos en un mismo hecho.
Está el robo, el asesinato y el paso ilegal de mercancía hacia territorio venezolano, sin que el ciudadano sienta que se le está brindando la seguridad suficiente para evitar caer en las manos de estos delincuentes.
Y es que no es solamente a quienes llevan lujosos vehículos; hay casos como aquél en el que al reducir la velocidad para tomar un retorno en el Anillo Vial Oriental, frente a la IPS Boconó, fue suficiente para que dos asaltantes interceptaran a dos hermanas, que iban en una motocicleta, se la robaran y se la llevaran tranquilamente al vecino país.
Sin querer demeritar las cifras de recuperación de automóviles y motocicletas que ha dado a conocer la Policía Metropolitana, lo cierto es que los hechos dejan entrever que el riesgo es evidente y que faltan muchas cosas por hacer, más allá de los consejos de seguridad.
Sorprende, por ejemplo, que no se cuenten con patrullas policiacas que constantemente ronden la zona. Esa inquietud sigue sin resolverse.
Y mucho menos la siguiente: ¿por qué estas famosas trochas que van desde Cúcuta hacia Ureña (Venezuela) por los lados de Boconó, siguen ahí sin ningún tipo de control por parte de las autoridades colombianas?
No olvidemos que la frontera colombo-venezolana se convirtió en territorio de la criminalidad con la presencia de organizaciones como la guerrilla del Eln, de bandas como el Tren de Aragua entre otras, como lo describiera León Valencia, director de la Fundación Pares.
“Los últimos estudios nos indican que existen 28 grupos armados ilegales en la frontera, 13 de ellos transnacionales, y a esto se suma la casi nula presencia de los dos estados. Es un territorio sin Dios ni Ley, tomado por los ilegales”, dijo el experto.
Luego desde el campo operativo y de presencia y control, sí hay que hacer algo y con urgencia, antes de que haya un desbordamiento incontrolado del imperio del crimen.
