No parece ni lógico ni explicable que el gobierno socialista de Venezuela no haya previsto la derrota del pasado 6D.Un gobierno con tantos frentes abiertos de lucha como el de la revolución bolivariana, con gentes curtidas en mil batallas políticas, debió anticipar —y lo hizo—, qué hacer en el caso de perder la elección.
Y pese a que lo anunció varias veces, cuando el presidente Maduro señaló que había llegado el momento de profundizar
la revolución, de darle más raíces y de darle más pueblo. Solo que la oposición, obnubilada por su empecinamiento, no se percató cabalmente de lo que ocurriría.
No se puede negar que la derrota impactó en el gobierno, pero tampoco se puede afirmar que, de Maduro para abajo, todos quedaron noqueados y abatidos. La razón es que sabían que, en materia de elecciones, cuando poco está perdido mucho está ganado.
Y hoy lo están demostrando con el Parlamento Nacional Comunal, creado, organizado, desarrollado y puesto en marcha através de leyes aprobadas sin afán entre 2009 y 2010, de las que se dijeron pocas cosas, ninguna tan concreta como la formulación teórica del Estado Comunal que descansará sobre un tejido de consejos y organismos de democracia comunal.
Con el Parlamento Nacional Comunal (PNC), el gobierno busca abrirle a la Asamblea Nacional un segundo frente de batalla, además del que tendrá a Maduro como líder desde el Ejecutivo. Unos y otros saben que no es posible que cohabiten el gobierno y la oposición en la cúspide del poder.
Lo mejor, entonces, es obligar a la asamblea a dividir sus fuerzas y, como consecuencia, a debilitarse. Porque el PNC ya está instruido para que resista a la Asamblea y se rebele contra ella, por lo menos desobedeciéndola.
Que, a ojos de un analista, el gobierno “solo haya logrado la conformación de centenares de consejos comunales que tramitan, entre escaso y mediano éxito, algunos proyectos para la mejora de las condiciones de vida en las comunidades”, no puede servirles de tranquilizante.
La realidad no es como la aprecian algunos analistas, que se refieren a los consejos y al PNC como a maniobras del chavismo para ocultar su derrota. Creer así es menospreciar a la revolución, que ninguna necesidad tiene de ocultar lo inocultable, y sí mucha de recuperar lo perdido, a como dé lugar.
Se trata de reorganizar la base popular, otorgándole poder efectivo a través de los consejos de barrio, desde donde podrán gestionar y decidir, y hacerle frente decisivo al poder legislativo de la Asamblea Nacional y la oposición.
En tanto se le entregue poder al pueblo, el objetivo revolucionario se estará cumpliendo. Que los resultados de la gestión popular no sean lo suficientemente exitosos como para que los opositores lo admitan, es apenas resultado de jugar al acierto y al error, como método de afinar la maquinaria en la base.
Es probable que se argumente que el pueblo votó mayoritariamente contra Maduro y la revolución y que, por lo tanto, esos consejos comunales y ese PNC no son, ni mucho menos, expresión sólida de poder, pues en ellos solo parecen estar los revolucionarios derrotados.
Pero, como se sabe, el poder atrae, y esos consejos de barrio son una muy buena herramienta para que el ciudadano sienta que ejerce de verdad su poder, así sea para definir la construcción de un andén.
Y así se hacen fuertes las organizaciones en las cuales la revolución dejará el combate de trincheras por la reconquista del poder.
Pero, mientras sigan menospreciando las posibilidades del gobierno y de la base popular, la oposición seguirá en desventaja, porque no se dará cabal cuenta de hacia dónde está corriendo ahora el río político. Y pueden ahogarse en él.
