En 2050, uno de cada cinco habitantes de Colombia tendrá por lo menos 60 años de edad (serán unos 14,1 millones), que ojalá no configuren, como es hoy, la tasa más grande de pobreza de todos los mayores de 65 años del Continente.
Y ojalá también, para entonces, haya suficientes recurso humano para que puedan cuidarlos como se debe y como lo merecen.
Porque, según estudio de Fedesarrollo, “mientras la población total del país tiende a duplicarse, para el período 1985-2050, la que estará entre 60 y 70 años se multiplicará por seis, y la de 80 años lo hará por 17.
Es decir, Colombia cada día tendrá más viejos, a un ritmo que podrá ser fuente de desajustes presupuestales.
Hoy, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde), hay 5,2 millones de colombianos mayores de 60 años (10,8 por ciento de la población), que viven en condiciones que no son las adecuadas para ellos, pues la mayoría ocupa la franja de los pobres.
Y, de acuerdo con el estudio Misión Colombia envejece, la relación entre la tasa de pobreza en el total nacional y la correspondiente a los mayores de 65 años, aparte de representar más del doble de diferencia (19,51 por ciento tasa nacional y 44 por ciento de los mayores de 65) es la más alta del Continente.
Los cambios en la población son notables: hace pocas décadas, el hecho de que alguien llegara a los 80 años era un maravilloso acontecimiento; hoy, según las estadísticas, hay 670 mil colombianos con esa edad, y en 2050 serán unos 3,1 millones.
Pero, hay un problema serio al frente: si no hay acciones inmediatas y muy serias, en 35 años, la gran mayoría (85 por ciento) de los viejos de 60 años estará sin pensión, porque los colombianos en general no nos preparamos debidamente para la vejez, según los analistas de población.
Por esa falta de previsión, hoy, más de 30 por ciento de los colombianos de más de 60 años trabaja, y la enorme mayoría lo hace en un empleo informal, que disminuye drásticamente sus expectativas económicas de vida y económicas.
Una de las razones para esta situación de informalidad tiene que ver con el hecho de que 61 por ciento de hombres y mujeres mayores de 60 años no tiene educación o no completó la primeria, solo 23,8 por ciento lo hizo, y un reducido 7,1 por ciento tiene educación superior.
La falta de preparación académica, correlativa con los niveles de pobreza, lógica y explicable, no deja de llamar la atención, en especial porque siempre se ha identificado la vejez con la sabiduría, algo que en este caso parece no ser así.
En efecto, dentro de 35 años, cuando haya la enorme cantidad de abuelos que se pronostica, quizás no sea posible hablar de que más sabrá el diablo por viejo que por diablo. Será pobre, enfermo y sin apoyo, lejos de lo que puede ser un viejo sabio.
De todos modos, los cambios en la estructura de la población colombiana obedecen a cambios en políticas gubernamentales mucho más enfocadas en lo relacionado con el bienestar, y esto es positivo. En algunos análisis se tiene como norma la cantidad de viejos como explicación del avance del país: mientras más viejos en una sociedad, más avances ha logrado.
Pero, si el crecimiento de la franja de viejos se puede recomponer desde ahora, en busca de que el colombiano no llegue desamparado, pues será mucho mejor. Lo bueno es que hay tiempo de corregir.
Es de esperar que haya la suficiente voluntad política en el gobierno, para que todo no quede en cantos de sirena.
