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Editorial
Picos y placas
A propósito de los taxistas, principales partidarios del pico y placa, tienen ellos la posibilidad de dar ejemplo.
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Martes, 8 de Marzo de 2016

Muchas veces, la moda puede lo que la sensatez y la lógica no. Por moda, y no por otra razón, se han adoptado medidas que, con el paso del tiempo, se llega a la conclusión de que no eran necesarias.

Y cuando eso ocurre surgen muchas preguntas, pues no parece lógico que, en el caso concreto del llamado pico y placa para Cúcuta, se haya adoptado como una necesidad para evitar la congestión automotriz en las calles, y hoy se derogue, porque no se necesita, como si la cantidad de autos en las calles haya disminuido, como es la realidad, y como si hubiera más calles y más avenidas más anchas, lo cual no ha sucedido.

Si la alcaldía suspende el pico y placa y en su lugar propone un poco claro pacto social, es porque se dio cuenta de que, en realidad, pese a haber más autos en las mismas calles angostas, la solución para la movilidad no está en reducir la circulación automotriz en 20 por ciento sino en cumplir las normas de tránsito.

Sensato y lógico, en una ciudad que está a años luz de tener la congestión de otras y donde los atascos son tan temporales, que en cuestión de minutos las cosas se normalizan. Sensato y lógico, en una Cúcuta en la que, si se cumplieran las normas de tránsito, la movilidad podría ser ejemplar y habría menos ocasión para la corrupción. En esto parece haber suficiente claridad.

En donde no la hay es en lo relativo al pacto social propuesto por la Alcaldía a cambio del control por pico y placa. ¿En qué consiste? Si solo se trata de que la ciudadanía cumpla las normas, quizás haga falta que el municipio contribuya a ese propósito.

Mientras unos ciudadanos evitan estacionar en las calles, por ejemplo, otros no, sin que la autoridad los obligue; mientras unos conductores respetan las luces de los pocos semáforos que funcionan, los demás, incluidos los motociclistas, las irrespetan y hasta se burlan de quienes esperan; mientras unos motociclistas se abstienen de llevar niños en sus aparatos, los demás llevan hasta dos y hasta tres, sin que ningún funcionario intervenga.

Mientras muchos conductores respetan las señales de no estacionar, largas filas de taxistas abusivos y ofensivos se toman calles enteras para parquear sus carros bajo la bandera ilegal de las zonas amarillas.

En tanto que algunos camiones respetan el horario de cargue y descargue en el centro, la gran mayoría no acata la norma y lo hacen a cualquier hora.
Así, entonces, ¿cuáles son las bases del acuerdo social para la movilidad?

Que no existan condiciones para establecer la restricción del pico y placa es verdad sabida. Lo que no sabemos es cuántos carros y motos hay en Cúcuta, y de qué tipo. Aprovechando el cierre de la frontera, cómo sería de oportuno hacer un censo realista, para que tanto defensores como detractores de los controles tengan argumentos válidos. Pero, si no se ha podido establecer, con exactitud, cuántos taxis hay en el área metropolitana, no son muchas las esperanzas de que el censo sea posible en el futuro inmediato…

A propósito de los taxistas, principales partidarios del pico y placa, tienen ellos la posibilidad de dar ejemplo y acordar restricciones similares reglamentadas por sus empresas, con sus propias condiciones y su propia dinámica.

Por la gran preocupación que generan a todas horas, el de los motociclistas es un caso aparte; con ellos es muy posible que ningún pacto social tenga éxito. Se trata de un segmento social sui generis en el que están involucradas personas para las que ni su vida ni la de los demás vale nada. La irresponsabilidad de personas como ellas es, sin exagerar, proverbial. Y las autoridades lo saben mejor que nadie.

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