Estamos de acuerdo con usted: es muy difícil decidirse entre un programa de gobierno en apariencia estupendo y propuesto por un candidato cuestionable, y otro, quizás simple, sin mucha proyección, planteado por un candidato honrado.
El primero ofrece el oro y el moro: una solución inteligente y a la medida de cada problema; formas adecuadas de financiación, interés genuino en cada sector de la sociedad y planes concretos para todos, y un interminable rosario de obras necesarias para proyectas la ciudad al futuro, que comprometerán mucho dinero municipal.
El segundo, además de trabajar con honradez y en beneficio de todos, nada llamativo propone, salvo, quizás, buscar el apoyo popular para hacer unas cuantas obras y desarrollar unos proyectos inaplazables.
Lo malo de uno es que todos sus proyectos, todas sus obras, están bajo el compromiso de que serán asignados a sus financiadores de campaña, entre ellos ciertos personajes de claros antecedentes criminales, pero que son cabecillas de verdaderas mafias de aves de rapiña dispuestas a arrasar con la ciudad, para su beneficio. Para eso financiaron la campaña.
Lo malo del otro es que quizás la ciudad no dé un paso adelante, no haya una sola obra de importancia, el gasto sea cuidado al centavo, y la burocracia no será la del otro, sino mucho más reducida, pero dedicada a sus funciones, y sin echarse al bolsillo el dinero del Estado.
Así que, ¿por quién votar mañana?
Quizás ayude pensar en los hijos y los nietos. ¿Qué ciudad quiere dejarles: una donde la inmoralidad y la ilegalidad sigan haciendo carrera desde lo alto del poder local, manejada por mediocres que vendieron conciencia y presupuesto a poderosos y oscuros patrocinadores que ganarán todas las licitaciones, todos los contratos, o a otra donde la ley y la ética serán el marco de la administración?
Puede elegir a un alcalde o a un gobernador que rendirá cuentas a quienes le dieron el dinero para la campaña, pero jamás a usted, que le pagará el sueldo con sus impuestos. El espacio público seguirá siendo de los avivatos, y las obras prometidas en la campaña nunca se verán como fueron anunciadas.
O puede elegir al otro, al que ofreció racionalmente lo que se puede hacer con el poco dinero del municipio, que, además, se destinará íntegramente para lo que se prometió, y que le entregará las obras a los mejores, mediante contratos transparentes, sin sorpresas, a la vista de todos los ciudadanos.
Es probable que no haya candidatos como este último, pero sí algunos que se le aproximan. Escoja uno cualquiera, pero déjeles a sus hijos una ciudad y un departamento dignos de ellos… y de usted.
Mañana, vaya temprano a las urnas. Si le parece, vote en blanco. Esa es una opción honrada que le permite cumplir sus compromisos de ciudadano. Pero, por un país mejor, por un departamento más próspero, por la Cúcuta que desde hace rato se necesita, opóngase a los candidatos respaldados por enormes e inexplicables capitales o por sangre inocente vertida, pero dígales no con más razón a los dueños de esos dineros o a quienes, forzosamente no pueden venir a la región porque no se los permiten.
Vote en conciencia por alguien como usted: honrado, trabajador, buen ciudadano, responsable, esforzado. Si lo hace, mañana podrá mirar de frente a sus hijos y a sus nietos y decirles que aunque las buenas maneras y la ética y los principios no son dinero, son el único capital que les deja, para bien de todos.
¿Que tal vez en un mal momento permitió que algunos mercachifles le entregaran algo a cambio de su voto y lo comprometió? ¿Cuál es el problema? Vote por el candidato que ni siquiera intentó comprarlo. Ya verá mañana cómo así el negocio le resultará mejor.
