El Catatumbo se está convirtiendo en una olla a presión porque a los campesinos el Gobierno Nacional no les ha cumplido las promesas planteadas, reviviendo las posibilidades de un paro en esa zona de Norte de Santander.
Ellos congelaron la posibilidad de lanzarse a la protesta el pasado 15 de marzo, pero al notar que desde la Casa de Nariño y la institucionalidad nacional no han recibido la atención esperada, la temperatura subió.
Por ejemplo, ya enviaron mensajes a Bogotá para que no sigan teniendo un tratamiento de segunda.
El presidente Gustavo Petro, quien una vez posesionado estuvo en El Tarra asumiendo compromisos para encontrar soluciones a los productores de hoja de coca, recibe un mensaje de cansancio de estas comunidades porque lo planteado no se ha convertido en realidad.
Las siguientes palabras dichas por Petro en aquella oportunidad es necesario recordarlas como contexto esencial para entender el compromiso asumido: “les propongo, amigas y amigos del Catatumbo, dejar de ser el primer productor mundial de cocaína para convertirse en la capital nacional de la paz. En la primera línea de la paz en Colombia”.
Semejantes afirmaciones hoy no han tenido un eco en la cruda realidad de esta zona del país. La comunidad sigue a la espera de que lleguen las inversiones, los programas sociales y el cumplimiento del plan para dejar atrás los cultivos ilícitos que incluso se encuentra dentro de uno de los puntos del pacto de paz con las desmovilizadas Farc.
¿Qué dirá el jefe de Estado porque está a punto de entrar al grupo de los señalados de incumplirles a quienes residen en ese territorio golpeado por la violencia y una multiplicidad de problemas?
Al menos debería producirle preocupación porque el cambio planteado sigue sin despegar en una materia tan delicada tanto socialmente como en materia de orden público.
El Gobierno Nacional debe entender que ya son suficientes las complicaciones que padece y sufre Norte de Santander como para que, por su inacción y falta de responsabilidad y competencia para apoyar a las familias cocaleras en la sustitución mediante la adopción de proyectos económicos y sociales, entren a hacer parte del aparato productivo agropecuario.
Las inquietudes de la comunidad catatumbera son válidas porque lanzar el reto de volverse en ‘capital nacional de la paz’ no tiene por el momento las estructuras, ni políticas, ni acciones, ni la infraestructura requerida para ello. Dicha frase se quedó ahí como un llamativo enunciado de carácter mediático para ganar interacción en las redes sociales y como generador de deliberación, y nada más.
Ver a los delegados campesinos en la Gobernación buscando cómo hablar con las autoridades nacionales y luego notar que han decidido trasladar la mesa a La Gabarra, siempre con la advertencia de que el paro sigue siendo una alternativa, son señales de que la fuerza de esas palabras se desdibujó.
Confiemos en que el Gobierno Nacional atienda adecuadamente este asunto y evite que la situación se vuelva inmanejable y que las vías del diálogo perduren. Obviamente, que las decisiones ahora sean la respuesta, puesto que de lo contrario podría llegar otro delicado estallido social generado por un gobierno que no cumplió.
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