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Editorial
Muerte asistida
Sabemos que la liquidación de Caprecom causará algunos problemas en los lugares donde es la única Entidad Prestadora de Salud de existe.
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Jueves, 8 de Octubre de 2015

De verdad que nadie encuentra razón válida alguna que explique la demora de la Superintendencia Nacional de Salud para hacer lo que, a todas luces, tiene que hacer con la EPS Caprecom: liquidarla, ayudarle aunque sea a mal morir.

Muerte tras muerte, negligencia tras negligencia, ignominia tras ignominia, abuso tras abuso se suplica por una solución final para este nido burocrático de las clientelas más aberrantes de la política regional. Aberrantes, porque aferrarse al botín de guerra que representa Caprecom en perjuicio de la vida de las personas es una aberración.

Va una pregunta para el superintendente, que además de esquivar ayer en Cúcuta respuestas concretas dio a entender que estaba enterado, sí, pero no, de lo que pasa con Caprecom en Cúcuta y Norte de Santander: ¿cuántas vidas más de pacientes angustiados necesita para que por fin se convenza de que estamos ante un monumental fracaso administrativo que solo causa vergüenza?

¿No son suficientes las 12 que se habían extinguido hasta agosto?

Estamos por pensar como los miles de pacientes nortesantandereanos que, en mala hora, se vieron vinculados con Caprecom, y que están convencidos de que los intereses políticos que anidan en esa entidad en Cúcuta y en el país pesan más que todos los afiliados juntos.

Sabemos que la liquidación de Caprecom causará algunos problemas en los lugares donde es la única Entidad Prestadora de Salud de existe. Pero, también, que se le puede reemplazar por otro organismo que de verdad cumpla a cabalidad las funciones que le corresponden.

En este sentido, no hay duda de que un pequeño ejercicio de análisis de los costos y los beneficios para la salud de los afiliados y del fisco, determinarán que a Caprecom hay que someterla a eutanasia asistida.

Hace rato quiere morir, sabe que no le queda otro camino. Entonces, ¿por qué no ayudarla a desaparecer? Con seguridad que los políticos que hoy se oponen con uñas y dientes al cierre, sonreirán mañana satisfechos al ver a sus fichas en sillones más mullidos y relucientes… Es cuestión de hacer la prueba.

El superintendente no queda bien ante los cucuteños cuando dice que vino a enterarse de las reiteradas y graves quejas de usuarios y autoridades sobre las muy graves deficiencias y fallas de Caprecom.

Esas quejas las conocen de sobra en la Superintendencia desde hace varios meses, como para que ahora resulten con el cuento de que no tenían idea de lo que ocurría con una entidad a la que hay que responsabilizar de varias muertes.

¿Tanto es el poder político que se esconde detrás de Caprecom como para que la propia Superintendencia de Salud dé a entender que denuncias y quejas eran humo?

La verdad, hay que exigirles respeto tanto a la EPS como a la entidad que la vigila, porque no se puede ignorar de manera olímpica el memorial de agravios que se repite cada vez y que se sabe llega a los escritorios de la Superintendencia en Bogotá.

Sería inaceptable que, además de esto, las investigaciones concluyan con que nada es cierto, que las acusaciones sobre corrupción y negligencia son solo quejas sin fundamento, y que Caprecom es modelo de gestión y de eficiencia. El temor nos asalta luego de semanas y semanas de pedir que alguien actúe en favor de los afiliados y de su salud, y del patrimonio de los colombianos, que ahora tendremos que pagar por este muerto que no hemos causado.

 

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