El 28 de febrero de 1813 el coronel Simón Bolívar derrotó a las tropas españolas en la Batalla de Cúcuta que sirvió de apertura a la campaña libertadora.
Hoy, 213 años después de esta gesta histórica, son muchas las batallas que se deben librar por la capital de Norte de Santander y que necesitan ganar de manera urgente.
Vencer la inseguridad es sin duda alguna la madre de todas las batallas, puesto que de no hacerlo seguirá entre las 50 más violentas del mundo, como sucede en la actualidad.
Disminuir la tasa de homicidios de la ciudad y su área metropolitana de los niveles del 41,64 que alcanzó el año pasado es una cuestión urgente en la que debe lucharse junto con el Gobierno nacional, por la complejidad que implican el Catatumbo y la frontera con Venezuela.
Lograr un triunfo en ese campo es imperativo para atraer la inversión, puesto que es un aspecto en el que deben lanzarse acciones conducentes hacia la industrialización de la ciudad.
Se trata de una lucha integral que tal vez implique -hablando en sentido figurado- unas mil batallas que haya necesidad de organizar y pelear con el propósito de reimpulsar el desarrollo económico y social de esta región del país.
Al igual que por la ciudad hay que batallar las 24 horas los siete días a la semana, el ciudadano también tiene sus propias batallas en el hogar, en el trabajo, en la crianza y educación de sus hijos y en todo lo relacionado con la construcción de su futuro.
Para que el cucuteño, sin importar su estrato social, logre alcanzar esas metas trazadas desde el seno de su hogar, se requieren la aplicación y desarrollo de las políticas públicas que conlleven al mejoramiento de las condiciones de vida de los habitantes de la capital nortesantandereana.
Hoy, debemos tener presente que así como Simón Bolívar derrotó al Ejército español, entre todos debemos dejar tendidos en el camino aquellos males que nos han agobiado y contra los cuales debemos luchar como quijotes, entendiendo que la unidad y el esfuerzo conjunto podrán llevar hacia el anhelado progreso local.
Esas batallas tienen que ver con el desempleo, la informalidad laboral, la pobreza, la inseguridad alimentaria que lleva el hambre a la mesa en muchos hogares, la falta de oportunidades, los problemas de movilidad, los planes pendientes para el fortalecimiento de la infraestructura urbana y la defensa del río y del medio ambiente.
Pero hay una batalla en la que todos debemos comprometernos, como es aquella relacionada con la cultura ciudadana y la ‘construcción’ de un cucuteño más comprometido con su Cúcuta del alma.
El civismo, la urbanidad, el compromiso, el respeto al otro y a las normas vigentes, se necesitan activar mediante la educación y las campañas de concienciación sobre la urgencia de hacer un cambio como ciudadanos para bien de la comunidad en general.
Lograr dar un paso en ese sentido abrirá un nuevo horizonte en la ciudad colombiana más importante en la frontera con Venezuela. Empoderar, difundir y aplicar la cultura ciudadana debe de ser la batalla que Cúcuta emprenda en estos tiempos.
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