Mayor conciencia con el medio ambiente debemos tener los humanos, en el entendido que por el momento La Tierra es el único planeta que habitaremos y que en el evento que fructifiquen las aventuras en Marte, Venus o más allá de la Vía Láctea, tengamos presente que no podemos ir por ahí como depredadores.
Las emisiones tóxicas desataron el cambio climático que está en pleno furor destructivo, pero no por culpa de los elementos, sino de nosotros. Asistimos, además, a la degradación de los suelos y a la deforestación que igualmente son males altamente peligrosos y que están enlazados en sus efectos negativos.
Norte de Santander luego de perder por efectos de una falla geológica y de las torrenciales lluvias que se han presentado a partir de 2010, cuando desapareció Gramalote, hoy tiene al renovado municipio con características especiales adaptadas al cambio climático.
Con ocasión de esta fecha especial -que debería ser de todos los días y a toda hora-ha resurgido el pedido al Gobierno Nacional para la ratificación del Acuerdo de Escazú, que promueve la protección de las personas defensoras del ambiente.
Resulta que el año pasado ocurrieron 24 homicidios de líderes ambientalistas en Colombia, hecho que de acuerdo con el informe de la organización internacional Global Witness, sitúa al país como el segundo en el mundo con más asesinatos contra quienes desarrollan ese tipo de actividades, después de Filipinas.
Ojalá se avance pronto en los trámites que se han puesto en marcha, entre ellos lo que le competen al Congreso de la República porque el Acuerdo de Escazú también protege los derechos de acceso a la información, participación y justicia en asuntos ambientales, todos ellos muy importantes para el momento actual.
Y para el departamento también resultan de importancia las actividades de defensa del agua en nuestro páramo Santurbán, al igual que los recientes anuncios de que por fin se van a tener las plantas de tratamiento pasar salvar de la contaminación a dos básicas fuentes hídricas: los ríos Zulia y Pamplonita.
De esa dirección no hay que desviarse ni un centímetro, porque por una parte se trata de salvar a todo un ecosistema que no solamente produce el vital líquido sino que es un polo de riqueza en vida silvestre: hay 457 especies de plantas, 201 de aves, 17 de anfibios y reptiles y 58 de mamíferos.
Ese lujo no se puede ni feriar ni desperdiciar ni poner en riesgo por actividades extractivistas ni permitir que las actividades invasivas lleguen allí, porque debemos recordar que allá se produce el agua para más de 2,5 millones de personas en el Gran Santander.
Entonces, si queremos evitar que de pronto esas teorías conspirativas se vuelvan realidad como la de “una próxima guerra del agua” o grandes éxodos por la destrucción o desaparición de santuarios naturales como estos, la idea es no bajar la guardia y seguir acrecentando la cultura medioambiental.
Para finalizar es bueno compartir lo expuesto en un documento denominado Retos ambientales para Cúcuta y su área metropolitana, según el cual “es urgente fortalecer la capacidad metrológica del departamento para determinar las diferentes caracterizaciones y evaluaciones en las diferentes matrices (agua, aire y suelo); es necesario adelantar investigaciones que permitan no solo establecer el estado e impacto en cada uno de los recursos, sino generar alternativas de solución innovadoras que mitiguen la generación de contaminantes que actualmente están deteriorando los diferentes recursos ecosistémicos”.
